
Salí a las seis y media de la tarde de mi casa con rumbo a la universidad para asistir a un concierto de música clásica. Cuando subí al carro, éste estaba vacío; pero se llenó rápidamente. El cobrador le decía a los pasajeros lo mismo que todos los cobradores dicen cuando su unidad está llena: “Avancen, por favor. Al fondo hay sitio.” El calor que se sentía dentro del carro era insoportable, para distraerme y no aburrirme decidí leer unas separatas que llevaba en la mochila negra que he empezado a querer extrañamente. Un joven de terno negro, camisa blanca y corbata granate viajaba cerca de la puerta y estorbaba el desplazamiento de los pasajeros. El cobrador le pidió permiso a lo que el pasajero respondió, al parecer disgustado por el calor y el roce constante de las personas en el carro lleno:
-No me digas lo que tengo que hacer. Si sigues dándome órdenes, ahora mismo llamo a un policía y te malogro el negocio.
Entonces empezó una discusión, que me distrajo de la no muy interesante lectura, en la que el chofer y los demás pasajeros trataba de calmar a los protagonistas de ésta. Lo lograron, había cesado la disputa, pero al terminarla, el joven pasajero le dijo al cobrador en un tono despectivo una palabra que creo yo no debería ya existir en ningún idioma: “igualado”.
Mi mente seguía el siguiente monólogo interior:
“¿Igualado? ¿Cómo que igualado? Pero si ellos son iguales ante la ley –o deberían serlo-, ante los demás seres humanos. Este término no debiera existir, ¿cómo es posible que un ser humano le diga igualado a otro? Me decepciona que hayan personas que se crean superiores a otras. La palabra “igualado” no tiene ningún sentido, por lo menos como insulto, porque no existe jerarquía entre los seres humanos, tantos años vociferando frases que aclaman la igualdad entre miembros de nuestra especie –desde la Revolución Francesa- que fueron pasadas por encima por este joven, que cree que por tener un terno limpio y bien planchado es más que el cobrador. Pero, ¿no es una idea anárquica el proponer igualdad, ya que si todos somos iguales, las autoridades no tendrían por qué exigirnos el cumplimiento de ciertas normas? No. Esa es la labor de la autoridad o en todo caso algún jefe en el entorno laboral, el hecho de dar órdenes no les hace superior a los otros. De todos modos, el pasajero está en un gravísimo error al señalar como inferior –lo haya hecho consciente o inconscientemente- al cobrador, ni siquiera el hecho de pagarle el pasaje no lo hace más o menos humano. No puede ser que los hombre no sepamos valorar a los demás como nuestros iguales, este es el problema que nos destruye como especie, la soberbia. Sí, la soberbia humana es la que algunos gobernantes sientan que son superiores a los demás seres humanos y cometan atrocidades con la vida de inocentes. Me da lástima este tipo de personas, como el pasajero, que no saben dar límite a su ego”.
-No me digas lo que tengo que hacer. Si sigues dándome órdenes, ahora mismo llamo a un policía y te malogro el negocio.
Entonces empezó una discusión, que me distrajo de la no muy interesante lectura, en la que el chofer y los demás pasajeros trataba de calmar a los protagonistas de ésta. Lo lograron, había cesado la disputa, pero al terminarla, el joven pasajero le dijo al cobrador en un tono despectivo una palabra que creo yo no debería ya existir en ningún idioma: “igualado”.
Mi mente seguía el siguiente monólogo interior:
“¿Igualado? ¿Cómo que igualado? Pero si ellos son iguales ante la ley –o deberían serlo-, ante los demás seres humanos. Este término no debiera existir, ¿cómo es posible que un ser humano le diga igualado a otro? Me decepciona que hayan personas que se crean superiores a otras. La palabra “igualado” no tiene ningún sentido, por lo menos como insulto, porque no existe jerarquía entre los seres humanos, tantos años vociferando frases que aclaman la igualdad entre miembros de nuestra especie –desde la Revolución Francesa- que fueron pasadas por encima por este joven, que cree que por tener un terno limpio y bien planchado es más que el cobrador. Pero, ¿no es una idea anárquica el proponer igualdad, ya que si todos somos iguales, las autoridades no tendrían por qué exigirnos el cumplimiento de ciertas normas? No. Esa es la labor de la autoridad o en todo caso algún jefe en el entorno laboral, el hecho de dar órdenes no les hace superior a los otros. De todos modos, el pasajero está en un gravísimo error al señalar como inferior –lo haya hecho consciente o inconscientemente- al cobrador, ni siquiera el hecho de pagarle el pasaje no lo hace más o menos humano. No puede ser que los hombre no sepamos valorar a los demás como nuestros iguales, este es el problema que nos destruye como especie, la soberbia. Sí, la soberbia humana es la que algunos gobernantes sientan que son superiores a los demás seres humanos y cometan atrocidades con la vida de inocentes. Me da lástima este tipo de personas, como el pasajero, que no saben dar límite a su ego”.