Hoy, los sindicatos harán un paro
nacional. ¿Con qué finalidad? Dicen que quieren hacer que Ollanta Humala escuche
sus demandas, cumpla sus promesas y regrese a la “Gran Transformación”. Desean
de vuelta al caudillo que llevaron al poder tras haber creído sus balbuceantes discursos
contra el sistema. ¿Será realmente ésta la finalidad del paro?
El 28 de julio, luego de la
frustrada marcha hacia el Congreso del día anterior, la actitud de los
sindicalistas dejó mucho que desear. La Plaza San Martín se convirtió en
escenario de la más burda copia de lo que hizo Humala al prometer lo que nunca
cumplió. Los representantes de cada agrupación dieron rienda suelta a la más asquerosa
demagogia, al más burdo blablalá, y se abstuvieron de participar en una
protesta más activa impulsada por los universitarios. “¡Aquí estamos luchando!”,
decía uno en su discurso. “Hemos venido a exigirle a Humala que cumpla sus
promesas”, añadía otro. Pues, ni luchaban ni exigían nada, estaban escupiendo,
uno por uno, los mismos discursos —y casi con el mismo lenguaje— que se repiten
desde hace 40 años. Los trabajadores acogían con entusiasmo las babas de sus
representantes y así, sin secarse, se fueron a sus casas a soñar con las palabras
escuchadas. Los dirigentes sindicales, muchos de los cuales tienen ya varios
años en su puesto, están cayendo en la misma política que dicen aborrecer. Simplemente
con discursos nunca se ha cambiado nada. ¿De qué vale gritar “abajo el sistema”
si nada se hace para traerlo abajo?
La solución para que las demandas
populares sean escuchadas y resueltas, para que haya un verdadero cambio en el
sistema es simple: materializar los verbos con acciones concretas, tener los
cojones (y ovarios) bien puestos y salir a darle vuelta al sistema. ¿Cómo se
hace eso? Bueno, con diálogo no se hace.

