miércoles, 24 de abril de 2013

Marionetas del sistema

Una definición acertada de terrorismo podría decir que es toda acción violenta que una agrupación organizada realiza con la finalidad de crear pánico entre la población. Por dicha razón, las víctimas de los atentados terroristas suelen ser gente inocente.

En ese sentido, no podemos negar que las bombas puestas en la Maratón de Boston hayan formado parte de un acto terrorista y, como tal, debemos condenarlo. Los medios de comunicación de todo el mundo han informado de la barbarie que se ha cometido en esa ciudad, se han indignado ante la falta de humanidad que tienen los perpetradores de dicho atentado; pero, ¿qué dicen acerca de los derechos que se violan a diario por parte del gobierno estadounidense?, ¿alguien dice algo por las invasiones en el Medio Oriente?, ¿se atreven a condenar las matanzas de mujeres y niños que comenten en sus guerras por el petróleo?, ¿por qué se acuerdan de los atentados del 11-S como el peor ataque terrorista de la Historia y se olvidan de la desaparición de dos ciudades enteras en el Japón a causa de las bombas atómicas? ¿Acaso no se ajusta todo lo mencionado en la definición dada?

Para dichos medios de comunicación o información –que más bien deberían llamarse “medios de desinformación”–, la violencia es deplorable solamente si es en contra de los países que están al servicio de los grandes grupos capitalistas. No cuestionan que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no tenga siquiera una definición de “terrorismo” y se jacte de aprobar la invasión de países en nombre de una falsa lucha contra el terrorismo mundial; por el contrario, nos muestran una realidad en la que la ONU es garante de la paz, sin decirnos que su Consejo de Seguridad veta las sanciones a las potencias mundiales por crímenes de lesa humanidad.

Todo lo mencionado ocurre porque la prensa  y los gobiernos están sujetos a la voluntad de los grandes grupos de poder económico, los cuales son los que realmente manejan las políticas internacionales y nacionales. Ellos son quienes colocan los temas que les interesan en los noticiarios y deciden de qué manera se debe informar, es decir, estos grupos tienen la facultad de hacer pasar por verdad lo que se les venga en gana. Se les puede ocurrir que una protesta estudiantil sea calificada de terrorista y los abusos contra la población civil en la franja de Gaza sean considerados como hechos de normales de una guerra.