viernes, 22 de abril de 2011

Incongruencias

Locura. (De loco). 1. f. Privación del juicio o del uso de la razón. // 2. f. Acción inconsiderada o gran desacierto. // 3. f. Acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa. // 4. f. Exaltación del ánimo o de los ánimos, producida por un afecto u otro incentivo.


Marte, Venus y Cupido (Tiziano). Sensual escena
entre los dioses del amor y la guerra.

Cuando escribo para ti, no me inspiran los cantos de las musas, sino dos dioses que habitan en mí: Venus y Ares. Aunque parezca absurdo, mentira o locura (me inclino más por lo último), esta dialéctica le da fuerza y sentido a la vida. Porque entre el amor y el odio, te amo más; porque el amor que vale la pena es ciego e imprudente, apasionado y demente; porque lo nuestro no es tranquilo como una garúa sino un huracán de vientos opuestos, una tormenta de sensaciones contradictotias; porque es difícil convivir contigo, pero imposible vivir sin ti; porque no te doy lo que realmente mereces y nunca sé si me excedo o me quedo corto; porque estar juntos es la locura dentro de mi cordura y la cordura dentro de tu locura; porque te extraño cuando te tengo, es que nunca eres la misma; porque las lágrimas son dulces; porque el segundo se hace eterno si estoy echado en tu pecho; porque tu piel es suave y tus palabras, ásperas; porque cuando grito, menos escuchas; porque eres dulce y tormentosa, como el Invierno (de Vivaldi); porque nunca has sido nada, que es la mejor manera de serlo todo; porque somos dos y somos uno; porque soy tu príncipe gris de tu cuento de brujas; soy tu látigo y tu beso; porque todo es tan absurdo y tan loco como la realidad.
Te amo con locura.

domingo, 17 de abril de 2011

Fírmeme este libro, por favor

Mario Vargas Llosa asistió a la inauguración de un salón que lleva su nombre en la Casona de San Marcos. El entusiasmo se hizo notar entre sus admiradores. Eso me hizo pensar en lo superficial que suelen ser las personas que se entusiasman con el escritor (o escribidor) y dejan de lado su obra e ideas.
Cuando llegó la hora de que el ganador del Nobel se retire, una gran cantidad de personas se le fueron encima -libro en mano- para lograr que él los firme. ¿Tanto alboroto para una rúbrica? Estaba muy seguro de que a Vargas Llosa no le importaba quiénes eran los dueños de esos libros y escribía su firma mecánicamente sobre cualquier papel que le pongan enfrente.
Recordé que tenía en mi bolsillo El prisionero del sexo de Norman Mailer y decidí comprobar si era cierto lo que pensaba. Intenté hacerle firmar a Vargas Llosa ese libro que no es de su autoría y…