viernes, 31 de diciembre de 2010

Fábrica de suicidas

"Gracias a los exámenes y a los profesores, el arribismo comienza a los seis años"
Encontré esta frase en una página en la que se publicaban pintas del Mayo del 68. Me hizo pensar.
Desde que comienza la educación nos enseñan a ser mejores que el resto. Las propias calificaciones hacen que nos estemos constantemente comparándonos con los demás compañeros del aula. Nuestros padres nos dicen que tenemos que ser los primeros de la clase (no sé si es por su prestigio como padres o porque quieren que realmente aprendamos). Los profesores ponen de ejemplo y hacen sus favoritos a los alumnos con las notas más altas. Se les da diplomas y se les otorgan becas.
Todo esto hace que cosideremos, desde muy pequeños, a los demás como competencia. Nos hace creer que una persona es exitosa cuando es más que los de su entorno. Y la supuesta superioridad en las notas de calificación educativa se extrapola a los otros ámbitos de la vida, ya no en números ni listas de órden de méritos, sino en la cantidad de dinero que un individuo posee. En mi opinión, no hay nada más patético que creerse más que el resto.
Es el capitalista un sistema en el que el que tiene mucho dinero, el que tiene el carro último modelo, el que tiene una casa más grande, el que viaja a todo el mundo es una persona exitosa que tiene bajo su poder a otras personas. Todos anhelan riquezas materiales y llegar a posserlas sin fijarse si en el intento pisotean a los demás. El individualismo es el canibalismo moderno. El deseo por tener más y más hace que no se tenga en cuenta el daño tremendo que nos estamos haciendo a nosotros mismos y a la naturaleza.
Por el afán de acumular más riquezas, las mineras transnacionales extraen recursos de las minas envenenando las aguas de los ríos y lagos, las corporaciones farmacéuticas escriben las contraindicaciones de sus productos en letras pequeñas e ilegibles sabiendo que su omisión podría ser fatal, las empresas madereras talan indiscriminadamente los árboles que purifican el medio ambiente, se siguen fabricando aerosoles que destruyen la capa de ozono, etc. No solamente el sistema pone en conflicto al ser humano con la naturaleza sino también enfrenta al hombre contra el hombre: explotación, pobreza, hambre, enfermedad, extirpación de culturas nativas, etc.
Es una pena ver que el ser humano se destruya de este modo y destruya, a su vez, a su entorno. Es una lástima saber que desde pequeños nos enseñan a vivir en esta especie de darwinismo salvaje en el que sobrevive el más fuerte, el que tiene mayor poder económico. Darwinismo que, paradójicamente, hará que la especie humana camine a su fin.

domingo, 26 de diciembre de 2010

La Navidad de un agnóstico

Aunque los datos científicos aseguren que Jesús de Nazareth nació el 14 de setiembre, en la mayoría de los países del mundo, la Navidad se celebra los 25 de diciembre; pero, ¿qué hago este día yo, que soy agnóstico y, por ende, no tengo ninguna religión ni fe?
La Navidad no representa para mí un hecho divino pero sí la celebro. Es una fiesta que sirve de pretexto para saludar, abrazar, besar y expresar lo que uno siente a personas que son, en mayor o menor medida, importantes en mi vida. Es un pretexto para sonreír. No es necesario creer en Dios para sentir lo que se siente por los humanos. La Navidad es, pues, el día de la familia, de los amores, de los amigos, del mundo entero... de la vida.
Hay personas que consideran a esta fiesta como una coartada para engrandecer el espíritu consumista de occidente. Yo no lo veo de ese modo. Creo que es una fecha para decir "te quiero". Aunque tengamos la mala costumbre de decirlo con obsequios. En todo caso, considero que los mejores regalos de Navidad de este año fue el abrazo que nos dimos mi familia en la medianoche y el hecho de poder haberle dejado un mensaje de voz a Angela diciéndole que la amo y la satisfacción de que lo haya oído.
Considero que expresar todas las cosas escritas líneas arriba es un acto extremadamente cursi, pero esta fecha existe para que seamos cursis.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La Ermita de Barranco

Cuenta la leyenda que unos pescadores no habían obtenido suficientes peces para solventar los gastos de sus familias. Esto hizo que decidieran arriesgarse e internarse más en el mar, al sur de Lima, pero un mal cálculo hizo que la noche y la niebla los cubriera. La desesperación los invadió ya que no podían ver más que la oscuridad que los rodeaba. Recitaron muchas oraciones a Dios, a María, a los ángeles y a los santos para que los ayuden y no permitan que se pierdan para siempre en la inmensidad del mar. Fue entonces cuando uno de ellos vio una luz a lo lejos, que los llenó de alegría; pues creía que era una embarcación anclada. Era su salvación. Sintieron que sus plegarias habían sido escuchadas. Hicieron todas las señales posibles para que vinieran a rescatarlos pero la luz permanecía en el mismo lugar. Al no tener éxito, decidieron remar hasta la luz, la cual, conforme se iban acercando, se convertía en una cruz de fuego que estaba en tierra firme, sobre un barranco. De ese modo, los pescadores se salvaron. ¿Quién colocó esa cruz? Nunca supieron la respuesta a esa interrogante puesto que el lugar al que habían llegado no estaba poblado. Estos hombres prometieron, a modo de agradecimiento, construir una ermita en el lugar donde hallaron la cruz. Alrededor de dicha construcción empezaron a asentarse diversas familias. El 26 de octubre de 1874 se creó el distrito de La Ermita de Barranco, que luego será conocido simplemente como Barranco.
Hoy, este distrito es uno de los más turísticos de Lima porque ha sabido juntar lo tradicional con lo moderno, lo cual se refleja en su arquitectura.
Las noches de los fines de semana en Barranco albergan todos los tipos de bohemia: desde las discotecas y conciertos de rock en su boulevard hasta las conversaciones intelectuales con una copa de vino al lado.
También tiene su lado este distrito tiene su lado romántico. Pues, nada más romántico que un atardecer de verano en el Puente de los Suspiros.

martes, 7 de diciembre de 2010

Aventura en San Buenaventura

Al distrito de San Buenaventura se llega por un camino de media hora a pie antes de arribar a Canta, la capital de la provincia del mismo nombre. Está la sierra de Lima, la que está un poco fuera de los destinos turísticos porque se tiene la idea de que un viaje no es tan interesante si no se sale de la región. Esta crónica servirá como argumento para demostrar que no siempre esa idea es correcta.
En el tercer fin de semana de noviembre y en San Buenaventura se celebró la fiesta de San Martín de Porres. Esta celebración empieza el sábado en la mañana con el recorrido de la banda de música alrededor del pequeño poblado. Algunos pobladores se animan a seguirla bailando ritmos andinos. Mientras el sol serrano calienta el ambiente y el ron quema las gargantas. Las bombardas suenan resonantes por los cerros a través del cielo y anuncian que San Buenaventura está de fiesta. De un momento a otro, sentí un olor delicioso en el aire: el momento del desayuno había llegado.
La banda dejó de tocar y todos nos dirigimos a un toldo que se había armado cerca al centro del pueblo. Tan pronto como llegué, me invitaron a una mesa con varias personas, con un plato con atún, guiso, un par de panes y un café bien cargado. La cordialidad con la que me trataron -y con la que tratan a los turistas en general- es tan inmensa como el grado de confraternidad que se siente al estar desayunando con esas personas. Esta amabilidad me la mostraron también en el almuerzo, la cena y el desayuno del domingo.
Luego de esta experiencia, en la que me contaron una leyenda que decía que las almas que habitan en los cerros matan de miedo a las personas que caminan por éstos sin luz durante la noche, salí a recorrer las callejuelas del distrito. Las viviendas de San Buenaventura son de adobe y quincha y forman caminos que no son rectos. Hay personas que, después del desayuno, continuaron con su cita con el alcohol. Esta vez con cerveza. Encontré tres mástiles con las banderas del Perú, Ecuador y la de los Estados Unidos que representan a las nacionalidades más comunes de los turistas que llegan hasta el poblado. El sol ardía sobre mí cuando encontré una cancha de fútbol, la cual era un lugar espléndido para acampar.
Durante la tarde, se hacen todos los preparativos para los festejos principales. Se colocan flores benditas en la iglesia, la cual es muy pequeña y está construida de los mismos materiales que las casas. Se viste a la imagen de San Martín y se le dedica canciones, también se le colocan flores.
La fiesta empieza con una misa dedicada al santo, quien luego sale en andas por las principales calles de San Buenaventura. Las bombardas siguen resonando, pero esta vez se sienten con mayor júbilo. El recorrido termina en la iglesia, donde se guarda al santo. Después de esto, se hace una ceremonia en la que se agradece a todas las personas que han hecho posible esta celebración, la banda empieza a tocar las canciones que le son solicitadas por las personas, quienes empiezan a bailar durante toda la noche animados por el licor. Se hace un espacio para la tradicional “vaca loca”, el imponente castillo y los fuegos artificiales. Luego, sigue el baile.
En la mañana siguiente, decidí realizar una caminata por las afueras de la ciudad. Los paisajes que se pueden encontrar son muy hermosos, como los que se pueden encontrar en toda la serranía de nuestro país. No hace falta viajar muy lejos para darnos cuenta de la belleza con la que cuenta el Perú.
Regresé a Lima con una sensación extraña de vivir tantas experiencias que solo me costaron 30 soles en para el pasaje. Aprendí, pues, a diferenciar entre lo costoso y lo valioso.