"Gracias a los exámenes y a los profesores, el arribismo comienza a los seis años"
Encontré esta frase en una página en la que se publicaban pintas del Mayo del 68. Me hizo pensar.
Desde que comienza la educación nos enseñan a ser mejores que el resto. Las propias calificaciones hacen que nos estemos constantemente comparándonos con los demás compañeros del aula. Nuestros padres nos dicen que tenemos que ser los primeros de la clase (no sé si es por su prestigio como padres o porque quieren que realmente aprendamos). Los profesores ponen de ejemplo y hacen sus favoritos a los alumnos con las notas más altas. Se les da diplomas y se les otorgan becas.
Todo esto hace que cosideremos, desde muy pequeños, a los demás como competencia. Nos hace creer que una persona es exitosa cuando es más que los de su entorno. Y la supuesta superioridad en las notas de calificación educativa se extrapola a los otros ámbitos de la vida, ya no en números ni listas de órden de méritos, sino en la cantidad de dinero que un individuo posee. En mi opinión, no hay nada más patético que creerse más que el resto.
Es el capitalista un sistema en el que el que tiene mucho dinero, el que tiene el carro último modelo, el que tiene una casa más grande, el que viaja a todo el mundo es una persona exitosa que tiene bajo su poder a otras personas. Todos anhelan riquezas materiales y llegar a posserlas sin fijarse si en el intento pisotean a los demás. El individualismo es el canibalismo moderno. El deseo por tener más y más hace que no se tenga en cuenta el daño tremendo que nos estamos haciendo a nosotros mismos y a la naturaleza.
Por el afán de acumular más riquezas, las mineras transnacionales extraen recursos de las minas envenenando las aguas de los ríos y lagos, las corporaciones farmacéuticas escriben las contraindicaciones de sus productos en letras pequeñas e ilegibles sabiendo que su omisión podría ser fatal, las empresas madereras talan indiscriminadamente los árboles que purifican el medio ambiente, se siguen fabricando aerosoles que destruyen la capa de ozono, etc. No solamente el sistema pone en conflicto al ser humano con la naturaleza sino también enfrenta al hombre contra el hombre: explotación, pobreza, hambre, enfermedad, extirpación de culturas nativas, etc.
Por el afán de acumular más riquezas, las mineras transnacionales extraen recursos de las minas envenenando las aguas de los ríos y lagos, las corporaciones farmacéuticas escriben las contraindicaciones de sus productos en letras pequeñas e ilegibles sabiendo que su omisión podría ser fatal, las empresas madereras talan indiscriminadamente los árboles que purifican el medio ambiente, se siguen fabricando aerosoles que destruyen la capa de ozono, etc. No solamente el sistema pone en conflicto al ser humano con la naturaleza sino también enfrenta al hombre contra el hombre: explotación, pobreza, hambre, enfermedad, extirpación de culturas nativas, etc.
Es una pena ver que el ser humano se destruya de este modo y destruya, a su vez, a su entorno. Es una lástima saber que desde pequeños nos enseñan a vivir en esta especie de darwinismo salvaje en el que sobrevive el más fuerte, el que tiene mayor poder económico. Darwinismo que, paradójicamente, hará que la especie humana camine a su fin.





