"...desde ahora y para siempre, cualquier semejanza con hechos reales correrá por vuestra propia imaginación..." (F. Paez)
miércoles, 24 de diciembre de 2008
La cigüeña arrepentida
domingo, 7 de diciembre de 2008
El beso de la damita
"Y, después de llover,
un relámpago va
deshaciendo la oscuridad
con besos que, antes de nacer,
morirán". (J. Sabina y F. Paez)
En las mañanas nunca suceden las escenas románticas, todas son en las noches de cielo azul, luna llena amarillenta o cuarto creciente, estrelladas; o sino en las tardes de sol enorme y dorado, en un atardecer de nubes rosadas. Pero esta vez fue alguna mañana húmeda y grisácea, fue un imposible escénico. Pero fue real, tan real como la literatura.
Ellos se sentaron en el gras de ese lugar donde la vida se hace más bohemia y las letras (o Letras) se quedan libremente atrapadas en las aulas. El jardín estaba vacío, solo estaban los dos. Platicaban de cosas, de ciertas cosas que sirven para conocerse, a él le importaba más el sonido de la voz. Ella sacó un libro y leyó lentamente:
“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua”.
El personaje de Rayuela se había escapado del libro y leía mientras él se quedó deslumbrado con cada palabra que salía de los labios de ella. Él, en ese instante, la amó. Se acercó, la miró a los ojos, rozó sus labios tibios con los suyos y cerró los ojos. En ese momento él huyó de la realidad, llegó al lugar donde reina la nada, una nada que lo es todo, ese todo que dejó en ese beso, ese beso que fue instantáneamente eterno, eterno como la nada y como el todo.
Es lo que sintió él, y ella… ella… no sé.