martes, 9 de octubre de 2007

Tributo a Gina

Salió del centro de salud raudamente pero sin prisa. Es una manía muy humana la del caminar rápido cuando se está preocupado o afligido por algo, como si dentro de uno se ha tomado una determinación pero no hay más que dudas. El médico le había dicho que estaba en cinta. Aunque la demora de más de dos semanas de su sangrado natural y la noche orgiástica en la que estuvo anteriormente al mencionado atraso menstrual le hacían estar casi segura de esta situación. Ella salió tan sorprendida que pareciera que no sospechara la fatal noticia que le dio el médico. Sí, para ella como para muchas mujeres tener un hijo es un evento fatal, pero no caeremos en algún discurso moralista. Solamente nos limitaremos a narrar lo que sucedió.
Pensaba que sus padres, al enterarse, se iban a decepcionar de ella y a echarla de su casa. “Me van a matar si se enteran”, decía en su confundida mente. La idea de ocultarles la noticia la seducía, pero no se sentía capaz de hacerlo. No se veía como madre, pues, ella detestaba a los niños porque cree que son una carga o una responsabilidad muy grande que cumplir. “Yo estoy hecha para una vida libre de responsabilidades como ésta, no voy a cuidar a mi hijo, soy una bestia como persona y una persona inadecuada para criar a un niño. No voy a permitir que este niño nazca en este mundo de mierda, sería una crueldad dejarlo nacer. Yo he tratado de buscar la parte buena de este mundo miserable: lo busqué en la Filosofía pero no me ha dado respuestas –generalmente esta disciplina trata de solucionar problemas, pero cuando lo consigue deja de ser Filosofía y se convierte en Ciencia, y no existe aún la ciencia que pueda desaparecer la miseria de la realidad- también busqué en una vida ligera, sin preocupación, y lo único que me dio es un hijo: una futura víctima de esta desgracia llamada humanidad”.
Iba caminando por la orilla del mar. Era un atardecer muy pacífico: el cielo se tornaba de distintos colores, sobre el cual volaban las gaviotas con su agudo trinar. Ella se va hundiendo por el camino dorado que hace en el océano el reflejo del sol a medio ocultarse. Camina lentamente, con una mano sobre su el vientre y lágrimas, más saladas que el mar, que resbalan por sus mejillas, hasta desaparecer -ellas- en las aguas.

viernes, 17 de agosto de 2007

Algo extraño

En el último rincón una la biblioteca hay un cuerpo, un corazón con débil latido y un tintero y creo que son míos. Todo está frío: el cielo, la lluvia, el suelo, el aire, aquel rincón, el corazón; todo, todo menos el tintero.
No me miren, no estoy loco. No me teman, no soy peligroso; por lo menos no lo soy tanto como mis palabras, mis blasfemias. Solo soy alguien que quiere ser más que una muñeca pálida, que llora sangre, más que una macabra inspiración de Mark Ryden. Combatiré contra la soledad y perderé otra vez, contra mis lágrimas y me taparán los ojos, contra mis sufrimientos y me harás sufrir tú.
Ahora estoy solo, en un bosque frío de árboles tristes. La que me venció ahora me besa y acaricia; yo me dejo besar pero la odio, la aborrezco (siempre un beso es agradable). Llueven las hojas, secas como las venas de mi cara, como gotas de sangre que denotan la muerte. Y yo, solo y frío, pero no muerto.

martes, 10 de julio de 2007

La última lágrima

“Porque amores que matan nunca mueren”, a decir de Sabina. Pero hoy muere el amor, lo asesinaste porque eso es lo que quieres: que no haya amor. Y lo es lo que yo quisiera querer pero no puedo. Desde hoy guardaré este sentimiento en el cajón de las ilusiones rotas. ¿Quieres solo mi amistad? Sólo te daré eso, porque siempre hago lo que me pides, porque ya mis ojos lloraron mucho, ya se secaron como mi alma, que desde ahora la vuelvo a recoger, no la volveré a arrastrar más por ti, la volveré a colorear. Ya no habrán más lágrimas –a parte de estas- que enjuaguen tu vanidad inexistente. El amor lo desecharé y que todo vuelva como antes, así lo haré. Jugaré al idiota que tiene control sobre sus emociones, y trataré de olvidar que solo es un juego. Estas lágrimas serán las últimas que escurren por mis mejillas al pensarte, éste es el último dolor que me causas, esta es la última copa que quema en mi garganta.
Allí va el amor, nadie sabe a dónde pero se va. No hay que extrañarlo, siempre vuelve. No hay que extrañarlo, no vuelve solo sino con más llanto, rabias, alegrías y temores; y espero que sin ti. Pero que se vaya por largo tiempo que me he peleado con él, cobardemente me ha golpeado y se fue sin mis sueños, no se los llevó.
¿Amigos? Y yo con una rosa que se marchitó en mi mano y con el amor que se pudrió en mi alma, pero ya se fue. Seremos amigos, no hay problema, siempre lo hemos sido. Es hora de secar los pómulos y sentenciar que no habrá más llanto por ti.

lunes, 11 de junio de 2007

Se lo "comió" a besos

Ellos iban cogidos del brazo hacia la Facultad de Letras. Caminaban al compás de la brisa húmeda limeña, sufriendo por el frío que penetraba hasta sus huesos, y temblaban. “Sofía nunca había estado tan bella”, pensó Alejandro. Entraron a la Facultad y Alejandro recordó en aquellos momentos en los que soñaba en ingresar a la Universidad de San Marcos y, en esos sueños, se veía en la puerta de dicha facultad; ahora cruzaba esa puerta todos los días pero esta vez lo disfrutó más. La tarde era fría y cruel. Se dirigieron al Jardín de Letras, ella para estudiar a Kant y él para ayudarla, se sentaron en el gras.
Mientras ella leía acerca la diferencia entre los juicios analíticos y sintéticos; Alejandro, al oírla, la miró y se quedó idiotizado con la sencillez en la manera de hablar de Sofía acerca de un tema también sencillo pero oscurecido por la obsesiva manera de Kant de explicar las cosas. “Bella y sabia”, se dijo Alejandro sin dejar de verla, él la admira desde que la conoció. Ella volvió la mirada hacia él y éste la esquivó:
-¿Entendiste? –dijo Sofía sarcásticamente sabiendo que él estaba distraído.
-No, soy una bestia para comprender a Kant, habla en difícil –respondió Alejandro sonrojándose.
-Lee tú.
Alejandro cogió las hojas y se dispuso a leer, lo hizo hasta se que sintió acosado por la mirada de Sofía. Volteó él en busca de sus ojos (de Sofía) esperando a que ella lo esquive, pero no lo hizo. Se quedaron en silencio, en el mundo existían únicamente dos entes: él y ella. Los cubrió la noche y los envolvió aún más el frío. Ella quebró ese momento mágico en el que sus miradas se fundían entre sí y sacó algo de su mochila:
-Mira esto, prueba, sabe rico –dijo evitando el beso que murió sin nacer.
-¿Qué es? –preguntó él saboreando el ungüento que había untado en su dedo y que ella le ofreció.
-Es brillo para labios.
Él le pidió más y ella untó un poco de brillo en sus labios delicadamente mientras Sofía sonreía como una niña ejecutando una travesura. Se acercaron de repente para sentir menos el frío. Volvieron a verse a los ojos, esta vez ninguno de los dos contuvieron al instinto. Se besaron. Alejandro sintió una mordida pero no se detuvo, a pesar de que empezó a sangrar. Sofía tampoco se detuvo, ahora le mordió la lengua esta vez. Lo soltó. Él se desangraba en medio del patio, en silencio, y ella se marchaba. Ambos disfrutaron al máximo el beso.

jueves, 17 de mayo de 2007

Sofía

Alejandro tiene una nueva diosa, ésta parece ser más divina que las demás para él. Ella se llama Sofía y estudia en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, en Lima, al igual que él. Es una mujer delgada; con cabellera no muy negra; ojos que reconcilian la tristeza muy humana de Vallejo y el romanticismo tan sensible de Neruda; su naricita es de una princesa; sus labios rosados son delgados y finos, son mansos y cuna de palabras tiernas (y en ocasiones de palabras no tan tiernas, pero solo en ocasiones); las mejillas hoyadas en las sonrisas repartidas; manos blancas, suaves y frías como la nieve; y, sobretodo es muy inteligente. Era la personificación de un poema dictado a un rapsoda por las deidades Atenea y Afrodita. Ella es una protagonista de una novela de Coelho.
Es más que un cuerpo bonito y mucho más que un alma grandiosa.
Alejandro cree tener el deber de protegerla de todo lo que está en sus posibilidades. Ya protegió su sistema respiratorio y no se arrepiente (aunque él se haya afiebrado por ello). Él le quiere ofrecer toda su confianza y para ello es capaz de tratar de cumplir todos los caprichos que ella le pida, aunque ella no se los pida.
Sofía dice ser ruda y Alejandro se considera un poco delicado. Ella corre, baila, estudia, trabaja, ríe, siempre sonríe; y él duerme, come, fuma (generalmente cuando Sofía no le ve), pero también ríe.
Es que Sofía es, para Alejandro, más que una amiga y menos que un amor. Siente que es una gran amistad por la cual daría hasta la vida.

sábado, 7 de abril de 2007

¿Igualado?


Salí a las seis y media de la tarde de mi casa con rumbo a la universidad para asistir a un concierto de música clásica. Cuando subí al carro, éste estaba vacío; pero se llenó rápidamente. El cobrador le decía a los pasajeros lo mismo que todos los cobradores dicen cuando su unidad está llena: “Avancen, por favor. Al fondo hay sitio.” El calor que se sentía dentro del carro era insoportable, para distraerme y no aburrirme decidí leer unas separatas que llevaba en la mochila negra que he empezado a querer extrañamente. Un joven de terno negro, camisa blanca y corbata granate viajaba cerca de la puerta y estorbaba el desplazamiento de los pasajeros. El cobrador le pidió permiso a lo que el pasajero respondió, al parecer disgustado por el calor y el roce constante de las personas en el carro lleno:
-No me digas lo que tengo que hacer. Si sigues dándome órdenes, ahora mismo llamo a un policía y te malogro el negocio.
Entonces empezó una discusión, que me distrajo de la no muy interesante lectura, en la que el chofer y los demás pasajeros trataba de calmar a los protagonistas de ésta. Lo lograron, había cesado la disputa, pero al terminarla, el joven pasajero le dijo al cobrador en un tono despectivo una palabra que creo yo no debería ya existir en ningún idioma: “igualado”.
Mi mente seguía el siguiente monólogo interior:
“¿Igualado? ¿Cómo que igualado? Pero si ellos son iguales ante la ley –o deberían serlo-, ante los demás seres humanos. Este término no debiera existir, ¿cómo es posible que un ser humano le diga igualado a otro? Me decepciona que hayan personas que se crean superiores a otras. La palabra “igualado” no tiene ningún sentido, por lo menos como insulto, porque no existe jerarquía entre los seres humanos, tantos años vociferando frases que aclaman la igualdad entre miembros de nuestra especie –desde la Revolución Francesa- que fueron pasadas por encima por este joven, que cree que por tener un terno limpio y bien planchado es más que el cobrador. Pero, ¿no es una idea anárquica el proponer igualdad, ya que si todos somos iguales, las autoridades no tendrían por qué exigirnos el cumplimiento de ciertas normas? No. Esa es la labor de la autoridad o en todo caso algún jefe en el entorno laboral, el hecho de dar órdenes no les hace superior a los otros. De todos modos, el pasajero está en un gravísimo error al señalar como inferior –lo haya hecho consciente o inconscientemente- al cobrador, ni siquiera el hecho de pagarle el pasaje no lo hace más o menos humano. No puede ser que los hombre no sepamos valorar a los demás como nuestros iguales, este es el problema que nos destruye como especie, la soberbia. Sí, la soberbia humana es la que algunos gobernantes sientan que son superiores a los demás seres humanos y cometan atrocidades con la vida de inocentes. Me da lástima este tipo de personas, como el pasajero, que no saben dar límite a su ego”.

sábado, 24 de marzo de 2007

El silencio absoluto

Era un domingo de junio, y como todos los domingos Alejandro estaba en su cama, ya despierto desde hace un buen rato. Él pensaba en el estrepitoso ruido que producía la música de la casa de su amiga y vecina, su pensamiento se fue desviando hasta que llegó a una determinación que se convirtió en obsesión esquizofrénica: él decidió vivir unos minutos en el silencio absoluto, cueste lo que le cueste.
Lo primero que tenía hacer es deshacerse de la música de su vecina, pero como en otras ocasiones le había pedido que baje el volumen y ella lo que hacías es lo contrario, decidió hacer una pequeña –o talvez no tan pequeña- travesura. Alejandro buscó un alicate, lo encontró y se dirigió a la casa de al lado (donde vivía la mujer que escuchaba esos alaridos que se disfrazaban tras el nombre de canciones). Hizo una maniobra extraña para abrir el medidor de luz y cortó uno de los cables, huyó rápidamente hacia su casa.
Al echarse en el sofá, sintió un sonido, como el de un pequeño martilleo sobre una superficie de metal. Era el goteo del caño sobre la tapa de una olla que el día anterior dejó en el lavabo. Los ojos de Alejandro estaban rojos de ira, la furia que le ocasionaba el no poder alcanzar el silencio total. Nadie sospechaba que un hombre tan calmado y recatado sufría de locura, de rabietas como ésta, de caprichos que cumplía aunque la muerte amenazara con impedírselo. Corrió iracundo para solucionar el problema de la gotera.
“Menos mal que mi casa está en una calle no muy transitada por los carros, además en el centro de este solar, de este manera no me molesta el caos limeño”, pensó.
Alejandro sintió un sonido del reloj de la pared, inmediatamente cogió un libro grueso (uno de los tantos que tenía regados por toda su desordenada casa) y lo aventó contra el reloj, éste cayó y se rompió.
El silencio absoluto parecía haber llegado, cuando tocaron la puerta. Era su vecina, quien le preguntó si había visto a alguien que haya cortado los cables eléctricos de su medidor. Alejandro dijo que había visto a unos muchachos drogados por allí y cerró la puerta de una manera cortante.
Se tumbó nuevamente en el sofá hasta que escuchó el canto de los pajarillos que llegaron a desesperarlo, a desquiciarlo y empezó a destrozar todo lo que veía: los cuadros, los floreros, los ceniceros (que eran muchos), los espejos.
Llorando de rabia sobre aquel sofá, se dio cuenta que podía atenuar su sufrimiento, que no era necesario que el mundo esté en silencio sino que él podía taparse los oídos. “¿Por qué el hombre se complica la vida tratando de cambiar lo demás cuando la satisfacción puede estar en un cambio interno?”, se dijo aliviado. Entonces se metió los dedos meñiques en los oídos pero aún lograba escuchar rastros de algunos sonidos desfigurados, por lo que se hizo unos tapones con plastilina. Ya no le importaba su salud, la esquizofrenia no le permitía ver los peligros de su caprichosa determinación de vivir un instante de silencio absoluto.
Luego de esto, Alejandro se relajó tan profundamente que se sentía la paz, que lo físico era solo una impresión y que lo espiritual primaba en una realidad que el estaba por descubrir; pero empezó a escuchar el sonido de su organismo: su corazón que latía lentamente, su digestión, su respiración. Él aún estaba inconforme, pese a la paz en la que se encontraba. Se levantó del sofá casi inconscientemente, cogió su correa, se la colocó en el cuello y fue ajustándola lentamente, decidió acabar con el ruido desorganizado de su cuerpo.
No escuchó más.

jueves, 8 de marzo de 2007

La belleza de María

Cuando acabó la clase de inglés, me acordé que no tenía dinero para mi pasaje de regreso a casa. “María debe estar en la cafetería, le pediré a ella que me preste un Sol”, pensé. Cuando llegué a la cafetería me di con la sorpresa de no encontrarla allí. “¡Qué extraño!, ¿por qué no habrá venido? Ella casi nunca falta a sus clases de italiano pero ya dejó de asistir a las clases de inglés, aunque desee hacerlo. Lo peor de todo es que me tendré que ir caminando a mi casa”, reflexionaba yo mientras me sentaba en una de las mesas, fastidiado por tener que caminar desde San Isidro hasta Barranco.
En eso llega María con cara de pocos amigos.
-¿Por qué llegaste tarde, amiga? –la saludé afectuosamente, y decidí terminar con tono de broma- hoy te quiero más porque necesito de tu ayuda.
-¿En qué puedo ayudarte?
-Necesito que me prestes un Sol para ir a mi casa.
Sacó un pequeñísimo monedero que tenía en el bolsillo de su pantalón y me dio lo que le pedí.
-¿Qué te pasa? Te veo un poco extraña.
-Me duele la cabeza.
No quise preguntarle la causa del dolor, temía que se disgustase conmigo o que se acuerde del mal rato que le habría sucedido. Además, ella casi siempre llegaba malhumorada y luego se le atenuaba la molestia. No le di mucha importancia.
Llegó a la cafetería mi profesor de inglés, Mr. Carrillo, quien dijo:
-This woman is beautiful but not comes to class.
-She is so beautiful that she would win the contest of EIGER's beauty –contestó Mr. Alfaro, nuestro professor de básico de inglés. María solamente sonrió, al parecer solo había entendido algo del diálogo.
-A ver párate –dijo Mr. Carrillo.
-No, profe –contestó ruborizada mi amiga.
Los profesores se retiraron diciéndome que la inscriba en el concurso, como si yo fuese su representante. Dije que así lo haré sin siquiera saber si existía un concurso de belleza en la academia, pues eso no era importante sino los piropos que había recibido María: ¿En realidad ella los merecía?
Cuando llegaron sus compañeras de su curso de italiano, nos pusimos a conversar. Generalmente yo no intervengo en esas conversaciones, me gusta oír lo que ellas hablan, es muy interesante porque me hacen ver cómo piensan las mujeres. Pero esta vez era distinto, yo no me interesaba en eso sino en lo que habían dicho los “teachers”. Me puse a contemplar a María y a pensar en ella:
“Realmente ella es muy bonita, no sé cómo no me había dado cuenta antes, a pesar que me atrae de cierto modo. Pero, ¿es tan bella como para participar en un concurso? Sí.”
Observé su ordenada cabellera que cae lisamente hasta sus hombros, su fino rostro en el que hay un par de ojos marrones como la caoba, una nariz pequeña un respingada, unos labios delgados que por un momento me dieron ganas de besar. Ella es delgada, con el cuerpo con forma de guitarra. ¡Es realmente preciosa! Es un verdadero espectáculo verla y yo no me había dado cuenta hasta entonces. He aprendido a disfrutar de su presencia, ya no solo por su comportamiento sino también por su físico. Hoy nació la admiración hacia el cuerpo monumental de mi amiga, hacia la estatua humana tallada por inspiración divina de Afrodita, quien debe estar entre llantos de envidia, allá en el Olimpo.

sábado, 3 de marzo de 2007

Perú Collage

Machu Picchu, nacionalismo, el Puente de los Suspiros, el populismo barato, el prodigioso lenguaje de Valle Riestra, Ramón Castilla, el lago Titicaca, el Parque Kennedy, El Comercio, el mar más rico del mundo, los pitucos que cholean y los cholos que pituquean, el antichilenismo, Sendero Luminoso y el MRTA, barras bravas, pirañitas, Haya de la Torre y El Amauta, las playas (desde las de Asia hasta Agua Dulce), Piratas en el Callao, la cordillera de los Andes que es cada vez menos cordillera, los anticuchos, la Papa a la Huancaína, el río Amazonas, Yuyachkani, etnocacerismo, Fujimori, Sacsayhuman, Piérola, Leguía, San Juan de Miraflores y de Lurigancho, Kenji y su perro, las rejas inconstitucionales de algunas calles, la discriminación, César Hildebrandt y su “querida” hermana Martha, los adoradores del Punk de la avenida Quilca, Pachacútec, Bolognesi, el Presbítero Maestro, yo, mi casi amor Samantha, los mantos paracas, Jaime Bayly, Huaraz, los chavín, las muchas catedrales de las muchas plazas de armas, los Baños de Cajamarca, las constituciones que son tantas como los caudillos que pasaron por el Gobierno, Miguelito Barraza, Gonzáles Prada, Vargas Llosa, la avenida Larco, Líbido, la Costa Verde, las Líneas de Nazca, los manglares de Tumbes, la llegada de los circos en fiestas patrias y la creación de seudo-circos (por ejemplo: el circo de la Paisana Jacinta, de Recargados de Risa y muchos más que exhiben a artistas de ciertos programas televisivos), los cómicos ambulantes, las estatuas humanas, el cuenta cuentos, el Perreo Chacalonero, el loco Achote, el Caballo Loco, Laura Bozzo y su mantenido, el tradicionalista Ricardo Palma, Toledo, Punta Sal, los marcianos de fruta, los “bricheros”, las tiendas de ropa de Gamarra, Puno y el contrabando, las mazamorras, el Ajá, la Chuchi, el Chuculún, el atardecer de Barranco, Marco Aurelio Denegri, la heroica Tacna, el Misti, el By-Pass de la Avenida Arequipa, el Centro Cívico, Polvos Azules, Larcomar, los piratas, Iván Thays, los cambios de guardia al medio día en la Plaza Mayor, el Pisco Sour, Chacalón, la vicuña, el árbol de la quina, la cornucopia, la hoja de coca (para bien o para mal), Juan Diego Flores, el tamal, el Parque Nacional del Manu, el doctor Fernando Maestre, el cuy, los bañistas puercos del litoral, los baches en las pistas de La Victoria, el Tenis Club, la “Urraca”, Alianza Lima, el celebérrimo Bryce, la sagrada –como decía un profesor que tuve- la sagrada San Marcos, el resucitado Deportivo Municipal, la coqueta alienación, el padre de los Humala, el grisáceo cielo limeño, el Rocoto Relleno, los ashánincas, Miguel Grau, la Virgen de la Candelaria, el Congreso y/o el Parque de las Leyendas, Genaro Delgado Parker, Yanacocha, los perros “calatos”, el “Gordo” Gonzáles, las Fuerzas Armadas (que en realidad están desarmadas), Raúl Vargas, el canal 7, Tula Rodríguez, el Pastoruri, la ciudadela de Kuélap, Hipólito Unanue, Gianmarco, los valsecitos criollos, el Río Rímac, las trabajadoras nocturnas de la Calle Caylloma, las incontables guerras civiles, los abusos a los indígenas, el humo de la Avenida Abancay, las combis asesinas, Universitario de Deportes, Carlos Álvarez, Velasco Alvarado, el VRAE, la Universidad San Martín, la elocuencia de el “Puma” Carranza, la Católica, el Almenara y el Rebagliati, Abraham Valdelomar, las alturas de Pasco, “Misterio”, Morales Bermúdez, Clorinda Matto de Turner, los olvidados, Vallejo, Vallejo y mil veces Vallejo.

miércoles, 21 de febrero de 2007

El señor Pedro

No hay tarde de sábado en el que el señor Pedro salga de su casa con dirección a los lugares más románticos de Barranco para encontrarse con el pasado. Este sábado llega ido de la realidad al mirador para observar el sol que se hunde en el mar matizando de bellos colores el cielo limeño y recuerda con melancolía aquellos besos robados a su esposa –ahora ausente- en aquel lugar.
Su mujer viajó a España hace dos años por motivos de trabajo. Ella es la heroína del señor Pedro, la admira, esa mujer se alejó de él y a sus dos hijos para darles un futuro mejor. Ella había dejado los sentimentalismos de lado y se alejó de los seres que más quiere para mejorar sus vidas.
Mientras camina cabizbajo y lentamente sobre el Puente de los Suspiros, el señor Pedro, extraña a su mujer, hace sonar sus pasos con sus zapatos de cuero fino en la madera del puente que es testigo de dichas y desdichas por causa del amor, el señor Pedro levanta su cabeza y ve a la señora que vende rosas para las parejas y que le vendía rosas a él durante los años en que estaba con su esposa. Su mirada es simple, sombría y triste, y generalmente va acompañada de un suspiro. Sube las escaleras que hay camino haciaParque Municipal. Se dirige a la iglesia Santísima Cruz para buscar a un dios que parece estar castigándolo. Mira al Cristo que está detrás del altar, llora por dentro. Llora y no sabe si es por felicidad o tristeza.
Sale de la iglesia hacia el parque, ya es de noche y mira el cielo, que estaba más oscuro y más estrellado, con sus ojos brillantes y pequeños. El frescor le entraba hasta el alma.
Al llegar a su casa es feliz, se siente otra vez en el mundo terrenal, regresa al presente, ama a sus hijos, vuelve a su estado original o finge volver a él. Abraza a su hijo que tendrá que rendir el examen de admisión para obtener una vacante para estudiar en la UNI, le dice que no debe perder la tranquilidad, que lo hará bien. Entonces suena el teléfono, inmediatamente contesta el señor Pedro:
-¿Alo?
-Hola, Pedro –es su mujer- ¿cómo estás?
-Bien, todos bien, no te preocupes.
Hablaron cinco minutos antes de llamar a su hijo: “Jorge, ven, tu mamá quiere hablar contigo”. El joven acudió velozmente y se apodero del teléfono. El señor Pedro se sentó en el mueble y fue abrazado por su cariñosa hija. Su cuerpo sonreía y su alma lloraba.

lunes, 19 de febrero de 2007

Un vistazo hacia atrás


Mi infancia fue dulce, serena, triste, pero a diferencia de Valdelomar, no fue sola. Tuve amiguitos que ya no son muy amigos míos, no porque yo los haya echado de mi vida sino porque ellos decidieron explorar otros círculos amicales, pero a pesar de todo no los extraño mucho.
Esta etapa de mi vida la recuerdo por los gritos, los llantos, las risas, los juegos entrañables, las peleas por ganar en estos, las carreras que generalmente se hacían tras mencionar cierta frase sin sentido (por ejemplo: “el último que llega a tal sitio se come la caca de King Kong.”), los cuentos de terror inventados cuando la noche nos cubría, las pesadillas que éstos ocasionaban, las caricaturas de las mañanas, los partidos de fútbol, e infinitas cosas más.
Una de las travesuras que me acuerdo es cuando le di a una amiga unas curiosas galletitas. Ella se las comía rápidamente mientras manifestaba lo deliciosa que estaban. Me preguntó dónde las había comprado y le dije:
-En la tienda de Denisse –respondí con una sonrisa que al parecer ella creía sospechosa.
-¿Cuánto cuesta la bolsita?
-Cinco soles con cincuenta céntimos.
-¡Tan caro! ¿Y cómo se llaman las galletas?
-Se llaman galletas, pues –dije yo esperando a que se termine de comérselas.
-¡Ah, idiota! –me reprochó- lo que quiero saber es cómo las pido, qué le digo a la señora que atiende para que me las dé.
-¿Te gustaron?
-Sí
-Le dices a la señora que te despache medio kilo de Pedigree (una marca conocida de comida para perros).
Ella escupió estrepitosamente, casi vomita pero se aguantó y se fue llorando a su casa después de gritarme: “¡Estúpido!” . La crueldad es una de las características más representativas de la niñez y yo fui sumamente cruel. Por otra parte, los rencores son efímeros en esta etapa, gracias a ello aún puedo contar con esa amiga.
Eran pues los tiempos en que la imaginación estaba en su florecimiento pleno, en que jugaba a la guerrita con rifles que no son más que palos de madera y pistolas hechas con dos dedos, con las zapatillas rotas que fingían ser botines de soldado ; época en la que me echaba en el suelo para ver los distintos disfraces que lucían las nubes, toda clase de figuras que dibujaba el viento en el cielo de verano. Con mi niñez se fue la asombrosa imaginación (tan asombrosa que se confundía con locura) que solía tener. Se fueron los monstruos que me asustaban en la noche, huyeron de los superhéroes que me rescataban de ellos: aquéllos huyeron y éstos los persiguieron, ambos bandos me abandonaron.

jueves, 8 de febrero de 2007

Cerdos en las playas

Miguel se gana algunos soles vendiendo botellas que busca en las playas de Barranco a los recicladores. El sábado decidí ir con él para ayudarlo. Eran a las cuatro y media aproximadamente. Solo en el camino habíamos recogido como diez botellas. Llegamos a la playa y estaba repleta de bañistas pero Miguel me dijo que no había mucha gente como en otros días. El agua estaba turbia, marrón, inmunda y con un olor nauseabundo, digna de las personas que la ensuciaban. La playa se estaba quedando solitaria. Podíamos distinguir dónde se habían instalado las sombrillas; los rastros de desperdicios de comida en estado de descomposición, papeles, botellas (lo que necesitaba Miguel), cáscaras, excremento... a pesar que el lugar no estaba tan lleno como me lo dijo mi amigo.
Regresamos con un saco y cuatro bolsas llenos de botellas, la mayoría las cogimos de la arena, lo que quiere decir que los bañistas no eran capaces de llevar los desperdicios a los abundantes cilindros de basura que habían en las playas.
¿Cómo es posible que aquellas personas prefieran estar soleándose al lado de la basura en lugar de caminar unos pocos metros? Si no quieren que las playas estén limpias por su salud, menos van a querer hacerlo para atenuar el daño que le hace la humanidad a las diferentes especies que se perjudican con la contaminación ambiental. ¿Cómo mostrarles que contaminando el mar están atacando directamente fitoplancton, que es la base de la cadena alimenticia, además de ser (el fitoplancton) el responsable de la generación del 98% del oxígeno de la atmósfera?
Esta contaminación es la causa de las lluvias ácidas que deterioran los campos de cultivo y que también generan enfermedades a la piel. Por otro lado, las especias marinas (que son muy variadas en nuestro mar) mueren o se van de los lugares contaminados afectando a la economía del país.
Con este texto trato de hacer una exhortación a esos seres que se dicen racionales (a la humanidad en general), que parecen sentirse bien bañándose en aguas con restos fecales, a que no ensucien las playas; que lo hagan por sus hijos y nietos que heredarán -si esto sigue así- un planeta lleno de basura y enfermedades, con climas realmente cálidos por la afección de la capa de ozono –si es que la Tierra aún existe-.

La caída de mi ego

Ella es bella. Es una mujer relativamente alta (la relatividad está en que creo que es más alta que yo); de cabellera larga, lacia y pintada; de piel clara; ojos pequeños y claros; nariz fina, como el de una princesa; su boca parece un fresa; tiene unos senos redondos, no muy abultados; y unas piernas perfectas que casi siempre exhibe.
Estaba sentada al otro lado de la mesa, en la silla de enfrente. “Es preciosa pero vacía en lo que concierne al intelecto, cualidad digna de una reina de belleza –pensaba yo mientras la miraba- esta mañana está más bonita que de lo costumbre”.
-Jaime, ¿tienes enamorada? –me preguntó.
-No, ¿por qué? –le dije con un tono picaresco.
-Solo preguntaba.
-Pero has tenido, ¿verdad?
-Sí –respondí extrañado por aquel cuestionario. Pensé que preguntaba por curiosidad, pues ella casi siempre hablaba de lo que le sucedía a diario y supuse que se sentía en derecho de saber algo de sobre mi vida.
-¿Cuántas?
-Solo una.
-¿Por qué terminaste con ella?
-Porque nunca la quise.
-Si no la querías, ¿por qué estuviste con ella?
-Para probar.
-¿Para probar? Una relación no es para probar, si dos personas deciden estar juntos es porque se quieren. Me parece que le has hecho un gran daño a esa mujer mintiéndole de ese modo.
Increíblemente esa mujer estaba dándome lecciones acerca de las relaciones de pareja. No quería aceptar que ella supiera más que yo.
-Es que no supe decirle que no cuando me pidió para estar conmigo –dije yo tratando de defenderme y quedar como un héroe que se sacrificó por la felicidad de su amiga al fingir que la amaba.
-Pero la mentira se hizo cada vez más grande y el daño fue creciendo –me sentí otra vez humillado por aquella mujer que subestimaba.
-Y tú, ¿cuánto tiempo tienes con tu enamorado?
-Con mi “amoshi” llevo casi tres años.
-¡Qué aburrido! –dije, quizás con envidia.
-Es aburrido si todos los días es lo mismo, pero mi relación no es monótona, cada día hay una sorpresa nueva. De este modo, jamás me aburriré de estar con él.
Hubo un breve silencio en el cual pensé: “Es imposible que esta mujer que yo creo que le falta cerebro me esté dando una lección acerca del amor”. Estaba lleno de cólera y orgullo.
-¿Piensas casarte? –le pregunté buscando algún error en su respuesta.
-Me gustaría pero no soy nada. Primero debo ser algo en esta vida y luego me caso y tendré mis hijos.
-¿Hijos? –respondí irónicamente.
-Sí, ¿a ti no te gustan los niños?
-No, no me gustan, los detesto, los odio –dije sin saber qué es lo que pasaba por su cabeza.
-¿Por qué odias a los niños? Será que hay alguien que te haya odiado cuando eras niño –al decir esto sonrió mostrando su perfecta dentadura.
Me sentí un gusano por haber subestimado a esa mujer que ahora me estaba revolcando en un tema totalmente desconocido empíricamente por mí: el amor. Nunca debí minimizar la capacidad mental de esta mujer.
-Es que soy un niño, un niño no puede querer a otro como a un hijo, soy muy inmaduro –dije a modo de autodestrucción, como cuando un moribundo pide a gritos la eutanasia.
-Si te quisieras un poco, tratarías de crecer mentalmente. Por lo menos eres conciente de tu actitud infantil –dio la estocada final.
En menos de cinco minutos ella me había desbaratado el autoestima, ha matado la altivez con la que la miraba. Me hizo tragar mi altanería y me dio un golpe en el alma, me humilló.

jueves, 1 de febrero de 2007

La tía María

Mi tío (el hijo de la protagonista de este texto) que vive cerca de mi casa, vino a decirle a mi mamá que había llegado un primo de ella llamado Miguel, al que no veían hace muchos años. Mi madre fue a verlo y al rato regresó para llevarnos a mí y a mis hermanos a conocer al visitante. Era un señor de unos cincuenta años de edad, simpático, con la piel un poco arrugada, ojos pequeños, con una sonrisa incompleta y unas gafas antiguas.
En aquella casa vive la tía María -que en realidad es mi tía abuela-, una anciana de ochenta y nueve años a la que no había visto en mucho tiempo porque yo sabía que estaba cerca y por eso no la extrañaba.Cuando yo pasaba cerca a su puerta y yo la veía, la saludaba; pero ya no sale. La tía María estaba callada, con la mirada fija en un lugar, parecía que estaba intentando concentrarse en la conversación de las otras personas que se hallaban en la habitación. En el momento en que mi mamá mencionó mi nombre para presentarme a mi tío, ella movió la cabecita y dijo con desesperación:
-¿Está acá mi Jaimito?
En mi mente me preguntaba por qué había pronunciado esta frase ¿acaso no me ha visto? Me le acerqué, me senté a su lado, le toqué las manos y, mientras el resto seguía con su conversación, la tía María me dijo:
-Hola, hijito. ¡Éste es mi Jaimito! ¡Cómo ha crecido este muchacho! –hablaba mientras me acariciaba- ¿Ya acabaste la el colegio?
-Sí, hace dos años. –dije.
-Ya estoy para la otra, –se quejaba- estoy vieja y ciega. Hace tiempo que no sé nada de ti. Pero,¿cómo voy a saber de ti si ya no salgo de esta maldita casa que será testigo de mi muerte. ¿Y qué estás haciendo?
-Voy a estudiar en San Marcos, ya ingresé.
-Tú siempre has sido chanconcito. Aprovecha tu juventud. Yo no sabía lo que quería decir con esta frase: ¿tengo que aprovechar mi juventud estudiando o lo contrario, que no estudie tanto y que disfrute esta etapa de la vida? -Así lo haré, tía -dije sin saber qué respondía.
A su lado había una mesita cuadrada de madera, sobre la cual había una taza de plástico amarilla. Esa tacita gastada por el tiempo me hizo recordar pasajes de mi niñez. Ella siempre tomaba agua en ese recipiente y al parecer lo seguía haciendo.
Mis padres me llevaban a la casa de la tía María cuando se iban a trabajar, pues yo no tenía aún edad para quedarme solo. Me mandaban unos envases con mi comida. Esa casa, ahora muy distinta, era como mi segundo hogar. Ella no aguantaba que haga travesuras. Siempre decía: "Le voy a decir a tu papá, no hagas eso", pero nunca se quejó ante ellos. Me regalaba pan y dulces, me engreía, ella era la responsable de mi obesidad infantil.
Ahora estaba postrada en un sofá, con los ojos inútiles, escuálida, pálida, con la piel holgada, esperando que la muerte le de la paz que tanto alivia a los ancianos, quejándose de insomnio. Los años la habían maltratado cruelmente. Era una escena triste, ella aún me abrazaba y por su arrugada mejilla se deslizaba una lágrima solitaria.

lunes, 29 de enero de 2007

La prima de mi amigo

Tengo la virtud -o el defecto- de enamorarme de varias mujeres a la vez. Algunos dirían que lo que yo siento por estas mujeres no es amor, puesto que este sentimiento se siente solo hacia una persona. Pero en mí esta cualidad del amor no existe porque no se manifiesta, a menos que me equivoque y no conozca esta sensación.
El viernes salí con un par de amigos a Pueblo Libre (Fabio y Miguel). Fabio llevó a su prima. Cuando nos la presentó se olvidó -o no quiso- decirnos su nombre, yo no lo pregunté porque creí que durante el transcurso del tiempo brotaría en la conversación.
Al principio, ella solamente hablaba con su primo, pero cuando entramos en el museo que está ubicado en la plaza principal de Pueblo Libre, se fue sintiendo en confianza a la par que nuestras bromas fueron haciéndose más continuas. Aún recuerdo el primer intercambio de palabras que tuvimos:
- ¿Te acuerdas de la momia de la sala anterior? –dijo ella con una sonrisa tímida en sus labios refiriéndose a las momias paracas.
-Sí -respodí yo, contento con que se halla atrevido a hablarme.
Y me señaló a una señora que tenía un parecido excesivo a dichas momias. Solté una escandalosa carcajada, escandalosa pero silenciosa. Fue una de las pocas mujeres que me hizo reír de verdad y lo hizo en la primera frase que me dijo, no necesité fingir que me reía como lo hago normalmente para quedar bien.
Ella nos hacía reír mofándose de la obesidad de Miguel (me encantó su frescura de molestar a un tipo al que recién había conocido), también se burló de su primo a quien le dijo Babidi (un personaje de Dragon Ball Z). No dijo nada contra mí, por lo menos no en mi cara como lo había hecho con Fabio y Miguel, y eso me daba la sensación que yo era a quien ella intentaba hacer reír.
Con el pasar de la tarde sentí que me enamoraba, el día moría y mi amor hacia ella nacía. Mientras más reíamos, más me invadía aquella pasión. Aquel día fue uno de los más gratos de mi aburrida existencia.
Pero, ¿quién es esa chica que tanto me impactó? Es una mujer de apenas dieciséis años de edad, de mediana estatura, que vive en Chincha, tiene un enamorado del cual solo me dijo que era "misio". De su físico no me acuerdo más: ni de su rostro (solo recuerdo que en un momento pensé: "Es idéntica a la mamá de Fabio"), ni de su contextura, ni del color de su cabello; todo esto corrobora que estoy tan enamorado de ella que no me importa su cuerpo sino su alma.
Ya eran a las once de la noche cuando decidimos dar por concluída esta experiencia. En el carro de regreso seguíamos riendo de todo hasta que llegó el momento de la despedida. Mi alma se despedazó al imaginar que no la volvería a ver jamás. Desde aquel viernes siento que en el mundo hay una persona, de la cual no sé ni su nombre, que es capaz de llenar mi miserable vida de alegría. Ahora mi corazón se ve afectado por un amor nuevo, esta vez platónico y ausente, que se iba a Chincha al día siguiente, que ya se fue allá -como diría Sabina- donde habita el olvido.
La lista de personas de las cuales estoy enamorado tiene una nueva integrante. Un amor más, un dolor más.

martes, 23 de enero de 2007

¿Estoy loco?

Siempre me hago una pregunta y no me es fácil encontrar la respuesta: ¿cómo sé si no estoy loco?
La computadora en la que escribo, las palabras que escribo, las ideas que trato de expresar, la luz, la oscuridad y todo aquello que llamo realidad ¿cómo sé si lo es? Se supone que la realidad es aquello que la mayoría impone como cierto y, por lo tanto, la locura sería el desacuerdo con las convenciones sociales. Por ejemplo, si afirmo que puedo ver fantasmas me tildarán de loco, porque la mayoría de personas no lo pueden hacer –sin contar a la gente dice tener esa facultad para un fin lucrativo o por publicidad- y yo estaría exiliado del grupo de aquellas personas que dicen gozar de cordura. O si menciono que puedo comunicarme telepáticamente con los animales, sin duda iré a pasar un buen tiempo en un centro de salud mental.
En todo caso no se debería hablar de realidad sino de realidades porque las personas con falta de juicio tienen una distinta a la convencional, la cual (la convencional) podría solo ser una realidad impuesta por la sociedad y aquéllos a los que llamamos locos son los que se resisten a ser sometidos por ésta y buscan la suya propia. En este caso no existiría la locura, solamente distintos puntos de vista.
Pero esto no responde mi pregunta, ahora no sé si la realidad en la que vivo es la convencional. No tengo la manera de saber si estoy sentado delante de una computadora escribiendo o talvez encerrado en un manicomio. Peor aún, esto me lleva a dudar de la existencia de todo, excepto de mi existencia, pues alguien tendría que estar loco para alucinar toda mi realidad y ese soy yo.
A quién preguntarle si algo que veo, escucho, toco, pruebo y/o olfateo es alucinación mía, corro el riesgo de que la respuesta que me va a dar también lo puede ser, incluso ese alguien podría ser producto de mi mente. Todo lo que he vivido puede no ser real: mis padres, mis amigos, mis experiencias, lo conocido, lo desconocido, mis sentimientos... Mi vida entera está basada en mi realidad, y cómo saber si esta también es la realidad de los demás (si es que los demás existen).
Quizás los seres humanos somos entes metafísicos que vivimos en una realidad que fabricamos. Todos locos y todos cuerdos. Por lo tanto la vida sería la que imaginamos vivir.
Termino de escribir esto sin saber si lo que escribo es para alguien o para alimentar a lo que llamo mi realidad; sin estar seguro si lo hago con un lápiz, con una computadora o con otra máquina que no ha entrado en mi mundo; y lo peor de todo, sin saber si lo estoy escribiendo.

lunes, 22 de enero de 2007

Te volví a mentir, Samantha

Aquel miércoles salí de mi casa con la ilusión de reencontrarme con Samantha después de mucho tiempo. Habíamos acordado en encontrarnos en el óvalo de Miraflores, por el Mc Donald, a las cuatro de la tarde.
Íbamos a gastarnos cien soles que yo supuestamente me había encontrado, lo cual era una mentira más que decía en mi falsa vida: “No tengo con quien gastarme el dinero, quisiera que fuese contigo”, un buen pretexto para salir con ella, después de tanta insistencia mía, aceptó. No sabía cómo decirle que no hay dinero, que la hice ir Miraflores en vano. Sin embargo, ese problema se solucionó de una manera utópica y extraña: en el asiento del carro en el que iba a la cita me encontré cien soles. Este hecho me sorprendió mucho.
Yo llegué seis minutos tarde pero ella aún no aparecía y tuve que esperarla. Sentía un poco de temor al reencuentro. Creo que es natural, no nos habíamos visto en más de un año y no tenemos temas en común como para mantener una conversación.
“¿Se habrá olvidado del compromiso? –pensaba yo- Es casi comprensible porque el acuerdo fue realizado una semana antes y yo de repente también me hubiese olvidado. O talvez es una venganza del destino por haber dejado de asistir a jugar tenis con unos amigos con los que me comprometí.”
Era ya a las cuatro y veinte y yo me estaba impacientando pero decidí darle excusas a su demora:
“Ya vendrá, no es la primera vez que una mujer hace esperar a un hombre. Es lo normal, sino no sería una mujer”.
Me compré un par de cajetillas de cigarrillos y empecé a fumar al lado de bote de basura que está en el paradero al frente del Mc Donald. Había una cola enorme en la caja de dicho restaurante cuyos integrantes me miraban como diciendo: “Allí hay otro hombre esperando a una mujer. ¡Pobre! Ya lo dejaron plantado.” Ante tales miradas me ruboricé y me retiré unos metros de allí. “Pero yo cumplí con venir, no debo sentirme mal por eso.” Aún así no me atreví a volver al lado de la basura hasta que la cola sea renovada con otras personas.
A medida que el tiempo avanzaba yo me impacientaba más. Miraba cada minuto mi celular para ver la hora. Cada minuto era larguísimo y parecían burlarse de mí: cinco de la tarde, cinco y uno, cinco y dos... “Ya no creo que venga, de repente había salido a otro lugar con su enamorado –mi ira iba creciendo- pero me hubiera escrito un mensaje.”
Mi mente estaba muy acelerada a las cinco y cuarto puesto que ya me había fumado una cajetilla y media de cigarrillos. Seguía esperando. “Le voy a mandaré un correo electrónico diciéndole: 'Me gasté el dinero con una puta, es lo mismo'. Se molestará como a mí me molesta su ausencia".
“Lo que pasa es que no le interesa, por eso no ha venido. Yo estoy esperando como un idiota a una amiga que se está riendo de mí en su casa.”
En la pista opuesta bajó del carro una mujer de poca estatura, cabellera larga y negra, mejillas rosadas, cuerpo delgado y bien formado. “Es ella. Son a las cinco y media, y mi paciencia se fue con el humo de los cigarrillos. Es hora de volcarle toda mi fastidio. ¿Si tardó porque le sucedió algo? No, ella lo ha hecho por fastidiarme, lo hace simplemente por joder. Pero si le digo eso se podría ponerse a llorar. Se lo merece por impuntual”. Mi mente era estaba enloquecida. Yo tenía miedo de mi reacción cuando ella llegué a este lado de la pista. Samantha se acercaba sin ningún apuro, parecía sentirse bien con lo que ha hecho, mientras yo ardía de rabia. La mujer estaba a diez metros de mí y me di cuenta que no era Samantha. Estaba impresionado con el parecido de esa mujer con mi amiga, estuve a punto de gritarle a una extraña. ¿Qué hubiera pasado si le gritaba a esa mujer?
Compré una tarjeta de diez soles para ponerle crédito a mi celular: los “mensajes misios” no expresaban lo que yo quería decirle a Samantha y yo quería decirle muchas cosas a esa mujer que yo maldecía tanto.
Decidí no ser muy agresivo, en realidad no fui nada agresivo, lo último que quiero en esta vida es perder su amistad. Talvez porque ella sabe cosas de mí que nadie sabe. Es la persona con la que más disfruto chatear. Mi vida es un libro cerrado que le doy a leer a ella. Le cuento algo de mí y ella me cuenta algo de su vida. Solamente esa tarde quería reírme con ella como lo hacía hace más de un año, reír sin ninguna razón, solamente con vernos a la cara bastaba para morirnos de risa. Aquellos tiempos sucedía así, parecíamos un par de locos –o lo éramos-. Me puse a recordar en los momentos vividos con Samantha y simplemente me atrví a mandarle un mensaje que decía: “¿Me puedo ir a mi casa o quieres que te siga esperando?”. Solo quería que me conteste el mensaje o que me llame. Soy muy orgulloso y en ese momento me satisfacía que me pida disculpas por no haber cumplido con ir a Miraflores. Esperé la respuesta que jamás llegó. Le mandé otro mensaje: “No te preocupes, ya decidí”. Regresé a mi casa.
No volví a saber de ella hasta hoy que estuvo en línea. “Ahora te haré sentir como una basura, me toca golpear a mí”. La saludé y le pregunté sutilmente porqué no había ido. Me dijo que estaba de viaje, no sé si creerle. Le volvía a mentir y, para que no se sienta mal, le dije que intuí que no iba a ir y yo tampoco fui, los mensajes eran para cerciorarme que ella no había asistido (no sé si me creyó). No sé porque cambié de opinión tan rápidamente, yo estaba tan entusiasmado con hacerle sentir mal, al contrario, yo tenía que pedirle disculpas por mandarle esos mensajes que supuestamente no mereció. Ella me perdonó (en realidad no le molestó el suceso, Samantha jamás se ha molestado conmigo), sin saber que por dentro me explotaba el corazón de rabia.
¿Por qué no quise que ella se sintiera mal si lo merecía? ¿Quién dice que pensar en los demás es una virtud? A veces pienso que ese es un maldito defecto que solo lo tienen aquellos que no se quieren a sí mismos.
Samantha, si llegas a leer este texto y te sientes una basura, no me importa, te lo mereces; pero deseo con toda el alma que no sea así.

sábado, 20 de enero de 2007

Exploremos su vanidosa mente

Ahora que vuelvo al poder, después de dieciséis años, tendré la oportunidad de reparar las barbaridades que hice. Mi orgullo no me permite morir con un fracaso tan grande sobre mi conciencia y haré lo que mi gente
me pide, porque “soy del pueblo”.
Le prometí al País que aplicaré la justicia máxima contra los violadores y asesinos de niños y a los terroristas, como en este país solo Dios es más que yo, tendré los recursos para cumplirlo. Si el Congreso osa en no aprobar mi proyecto de ley, haré un referéndum para cambiar la Constitución y cumplir mi capricho, el capricho del pueblo. Es lo que haré. En caso de que la Corte Interamericana de los Derechos Humanos no me deje aprobar dicha ley, sacaré al país de dicha institución, de paso no cumpliré con el fallo que sentencia una pleitesía por parte del Estado hacia los asesinados en el penal Castro Castro. Además, cumplir una sentencia de ese tipo es una humillación para un semidiós como yo.
¿Y si se atreven a preguntarme por el derecho a la vida? Ya sé. Les daré un discurso demagógico –en eso soy experto- y les diré con unas elegantes palabras que las víctimas de los delitos antes mencionados merecen justicia, que hay que escuchar el clamor del pueblo que es la voz de Dios.
El estado –o sea yo- tiene el deber de cumplir con las exigencias de la población por más salvajes que sean. Si el país pide venganza, yo estoy dispuesto a matar a aquellos criminales, me convierto en un bárbaro para darle a la nación lo que requiere. Mírenme, ¡soy la divinidad que castiga a los facinerosos! ¡Acabemos con la vida de esos miserables!
No es terquedad sino ganas obsesivas de hacer las cosas, de cumplir con las promesas que me llevaron al sillón presidencial. ¡Exacto! Si las cosas no pasan como quiero me quejaré y diré que el Congreso está de espaldas al pueblo, que la Corte Interamericana esta del lado de los terroristas y quedo como el bueno de la novela que se escribe en este país. Mi excusa será: “intenté cumplir mi promesa pero no me dejan”.

viernes, 19 de enero de 2007

Lo bueno de lo malo

Ayer fue el 472 aniversario de la fundación española de la capital del Perú. Era un buen pretexto para ir a caminar por el Centro de Lima y de paso escapar de la rutinaria vida de la que me quejo (aunque yo la haya moldeado de ese modo). La ciudad tenía una cantidad impresionante de visitantes. Se podían encontrar pasacalles, ferias de dulces y platillos criollos, escenificaciones de la fundación, bares repletos, músicos, cantantes, payasos, pintores; todo para homenajearla.
Lima fue fundada por Francisco Pizarro el lunes 18 de enero de 1535. Estas tierras fueron, antes de la llegada de los españoles, territorio de varias culturas precolombinas como Chavín, Maranga, Pachacámac, Wari, entre otras.
Cuando los invasores europeos se instalaron en Lima, la convirtieron en el centro político, económico y administrativo del Virreinato, cuya nobleza tenían lujosos solares con hermosos balcones de madera tallada que hasta hoy adornan esta ciudad. Y desde en uno de estos balcones, el general argentino José de San Martín proclamó la independencia del Perú.
Durante gran parte de la etapa republicana se le llamó a Lima “La Ciudad Jardín” por los bellos jardines y parques que tenía; sin embargo, ahora se le puede denominar “Lima, la gris” por la contaminación de la misma.
Actualmente, nuestra capital es un lugar anhelado por los turistas gracias a sus acogedores distritos como el heroico Chorrillos; Barranco, el distrito que pare intelectuales y artistas; Surco y sus viñedos; el residencial San Isidro; San Juan de Lurigancho, el más poblado del Perú; el Rímac y la representativa Alameda de los Descalzos; Villa El Salvador, que es el desierto convertido en ciudad; el Cercado con sus construcciones virreinales; y un largo etcétera.
No podía dejar de mencionar a la cocina limeña. ¿Quién no se ha comido alguna vez una mazamorra morada sin quedar extasiado con el sabor de dicho postre? ¿Quién no ha suspirado al comerse un suspiro limeño? ¿Y los picarones, los anticuchos, las butifarras? Sin duda, vivir en Lima es una incitación a la gula.
Escribir a cerca de Lima genera un sentimiento fascinante, el más extraño de todos, ya que es una ciudad de la que se le puede atribuir los mejores elogios y, a la vez, las peores críticas.

jueves, 18 de enero de 2007

El amor es química

Está demostrado que la presencia o ausencia de ciertas hormonas en el organismo pueden determinar nuestro estado de ánimo. La menopausia, que es el periodo en el que la producción de hormonas femeninas disminuye y luego llegan a desaparecer, puede ocasionarle a la mujer nerviosismo, cambio repentino de humor, depresión, etc. La libido despierta el deseo sexual. La adrenalina, hormona secretada por las glándulas suprarrenales, nos hace sentir, valga la redundancia, con adrenalina. Incluso el amor es causado por una hormona llamada oxitocina, según el doctor Gareth Leng (de la universidad de Edimburgo, en Escocia).
Tras la destitución de Cupido, que al parecer se ganaba los honores sin hacer nada, solo me queda suponer que los animales (incluyendo al hombre) somos simplemente un organismo mecánico y que talvez, en un futuro no muy lejano, podremos clonar personas con los sentimientos que quisiéramos, ya que éstos son solamente sustancias que reaccionan en nuestro interior. También se podría manipular los sentimientos de las personas con inyectarles algunas de estas hormonas. Y no sería tan descabellado mencionar en una conversación una frase como la siguiente: “Quiero enamorarme, para ello tengo que comprarme una cápsula de tal o cual pastilla”.
¿Y el amor hacia los hijos? Parece que este tipo de amor solo se deben al incremento de la oxitocina (como sucede con los ratones estudiados por el doctor Leng) y podrían disminuir con un catalizador.
¿Y qué hay del amor a Dios? ¿Estarán las religiones preparadas para aceptar una noticia de este calibre, que sostiene que el amor a Dios no sería por convicción sino por la presencia de una hormona?
Pero este descubrimiento no solo trae problemas sino nos muestra la posibilidad de investigar cosas como la naturaleza destructiva y autodestructiva del hombre, la cual podría tratarse de un exceso de alguna reacción química en nuestro sistema nervioso contra la que podamos combatir otra hormona.

miércoles, 17 de enero de 2007

A la diosa del búho

Y bajó de los cielos Palas Atenea
para mostrar su inteligencia ante el alma humana.
¡Oh diosa de cabellera bicolor!
¿Quién te dijo que eres del Olimpo?
¿Quién te impuso un Zeus negando al Sol?
Y bajó de los cielos Palas Atenea
a este pobre mundo de ignorantes,
y me regaló sus plateadas sonrisas plateadas, fingidas, efímeras.
Olvidó sus orígenes divinos y asió la pluma
con ella escapó hacia la verdad.
Y así bajó de los cielos la bella Palas Atenea...

martes, 16 de enero de 2007

UN SUEÑO EN NAVIDAD

De repente llegué a ese lugar que parecía muy familiar pero que en realidad nunca había pisado. Era una casa con una fachada de un color verde aturquesado con una puerta de vidrio, como la de un hotel. Ingresé. La sala era pequeña. Un sofá azul, en el cual había una colcha gruesa del mismo color, parecía darme la bienvenida. Me senté sobre él a esperar a María. Otro sofá más pequeño estaba en aquella salita, sobre el cual había una sábana blanca doblada y muy limpia.
María es mi amiga desde hace tres meses, llegó dentro de unos pocos minutos. Ella es delgada; pequeña, pero solo físicamente porque es una gran persona; su vida es muy complicada; tiene el cabello teñido de color negro (las raíces del su natural cabello castaño se asoman tímidamente desde su cabecita); ojos impactantes; su rostro siempre es adornado con una sonrisa tierna, como la de una madre; y parece estar muy enamorada.
Ella me dijo que iba a venir con su enamorado para presentármelo pero apareció sola. Ella acercó su cobriza mejilla y me saludo con un beso y dijo:
-Ya no tarda en llegar mi enamorado y lo conocerás, es un tipo espléndido.
-Bueno, me mata la curiosidad- dije con una ironía que ella no entendió o fingió no entender.
Esa tarde hacía un frío invernal, a pesar que era 25 de diciembre y en este país es verano. Usábamos ropa ligera y ella se sentó en el sofá grande y se cubrió con la colcha gruesa yo me coloqué a su lado y me cubrí con la sábana. Su cuerpo estaba caliente a pesar del frío que hacía.
Yo, sutilmente, cogí una de sus ásperas y pequeñas manos y le dije:
-Tu mano siempre está calientita, debes tener un fuego interior.
Ella sonrió mientras yo entrelazaba mis dedos con los suyos. Yo estaba casi enamorado de María, la quería tanto y por eso no llegaré a enamorarme jamás de esa mujer tan bella. El amor solamente trae complicaciones y prefiero el sentimiento amical al romance, talvez pienso eso porque nunca me he enamorado realmente (en algún momento creí estarlo de otra persona de la cual no voy a detallar ahora) como ella parecía estarlo. Eso, en ocasiones, me hace sentir solo y esta vez la soledad me seducía a comer el fruto que no era mío.
La abracé. Ella parecía leer mi alma (a veces creo que apesto a soledad y doy lástima, de manera que mi alma es un libro fácil de leer) y también me abrazó tímidamente. En ese instante imaginaba que llegaba un joven alto, fornido, de cabellera ondulada y larga, que entraba exaltado por la puerta, después de destrozarla a patadas, y me mentaba la madre al mismo tiempo que me golpeaba furiosamente. Yo estaba decidido a seguir con las caricias hasta que su enamorado realice lo imaginado.
En ese momento sentí que alguien se caía sobre mí y yo pensé que era la hora de recibir los puños del enamorado de María en mi rostro.
-Conéctame el Play Station- dijo una voz de infante.
Era mi hermano que me había sacado de un sueño improbable de realizarse. El niño me salvo de una paliza pero me arrancó de las tibias manos de María. Era el mejor sueño que había tenido en mucho tiempo y se acabó.