viernes, 17 de agosto de 2007

Algo extraño

En el último rincón una la biblioteca hay un cuerpo, un corazón con débil latido y un tintero y creo que son míos. Todo está frío: el cielo, la lluvia, el suelo, el aire, aquel rincón, el corazón; todo, todo menos el tintero.
No me miren, no estoy loco. No me teman, no soy peligroso; por lo menos no lo soy tanto como mis palabras, mis blasfemias. Solo soy alguien que quiere ser más que una muñeca pálida, que llora sangre, más que una macabra inspiración de Mark Ryden. Combatiré contra la soledad y perderé otra vez, contra mis lágrimas y me taparán los ojos, contra mis sufrimientos y me harás sufrir tú.
Ahora estoy solo, en un bosque frío de árboles tristes. La que me venció ahora me besa y acaricia; yo me dejo besar pero la odio, la aborrezco (siempre un beso es agradable). Llueven las hojas, secas como las venas de mi cara, como gotas de sangre que denotan la muerte. Y yo, solo y frío, pero no muerto.

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