miércoles, 24 de diciembre de 2008

La cigüeña arrepentida

No hacía mucho calor pero el brillo solar era insoportable. Una mujer de treinta y cinco años, aproximadamente, se acercaba por la sombra hacia el paradero en el que me encontraba. Ella tenía el cabello largo, rostro delgado y pálido, nariz puntiaguda, ojos pequeños y marrones. No había nada parecido que me haga recordar la fisonomía de una cigüeña. La más fabulosa ironía que me tiene preparada esta realidad: la mujer tenía un bebé. A parte de estos rasgos físicos, ella llevaba en su rostro un aire melancólico que enmudecía a cualquier persona que pasaba por su lado y dirigía su mirada hacia ella.
-Buenos días, joven. ¿Podría cuidar un momento a mi bebé? Es que le hace daño mucho sol. Tengo que comprar algo en la bodega que está volteando la esquina -me dijo.
-Está bien, pero no demore mucho porque mi carro no tarda en llegar.
La mujer se demoraba y ya se me habían pasado dos carros. "¿Qué hago con este niño? ¿Si lo llevo con su madre? No, le haría daño el sol". Ya se había demorado demasiado, pues la bodega estaba muy cerca. "¿Adónde llevo a este niño? ¿Con quién lo dejo?" Mi entorno empezó a hedir a excremento de bebé y su madre no aparecía. "Más daño le haría escaldarse que el sol, ¿o no?" Me estaba desesperando pero, como todas las veces que me desespero, no lo demostraba.
En ese momento, la mujer con cara de cigüeña regresaba por donde se había ido. Mi desesperación se había atenuado para transformarse en ira, la cual se disipó al ver a la mujer llorando y que avanzaba con pasos apurados hacia mí. Me quitó al bebé de mis manos.
-Gracias, joven. Gracias por no irse.
-De nada -dije confundido.
-No lo volveré a hacer, mi niño. Te amo. Siempre estarás a mi lado... -le dijo a su hijo abrazándolo y besándolo mientras se alejaba.

domingo, 7 de diciembre de 2008

El beso de la damita

"Y, después de llover,
un relámpago va
deshaciendo la oscuridad
con besos que, antes de nacer,
morirán".
(J. Sabina y F. Paez)

En las mañanas nunca suceden las escenas románticas, todas son en las noches de cielo azul, luna llena amarillenta o cuarto creciente, estrelladas; o sino en las tardes de sol enorme y dorado, en un atardecer de nubes rosadas. Pero esta vez fue alguna mañana húmeda y grisácea, fue un imposible escénico. Pero fue real, tan real como la literatura.

Ellos se sentaron en el gras de ese lugar donde la vida se hace más bohemia y las letras (o Letras) se quedan libremente atrapadas en las aulas. El jardín estaba vacío, solo estaban los dos. Platicaban de cosas, de ciertas cosas que sirven para conocerse, a él le importaba más el sonido de la voz. Ella sacó un libro y leyó lentamente:

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua”.

El personaje de Rayuela se había escapado del libro y leía mientras él se quedó deslumbrado con cada palabra que salía de los labios de ella. Él, en ese instante, la amó. Se acercó, la miró a los ojos, rozó sus labios tibios con los suyos y cerró los ojos. En ese momento él huyó de la realidad, llegó al lugar donde reina la nada, una nada que lo es todo, ese todo que dejó en ese beso, ese beso que fue instantáneamente eterno, eterno como la nada y como el todo.

Es lo que sintió él, y ella… ella… no sé.

viernes, 26 de septiembre de 2008

¿Por qué escribo?

La respuesta a esta pregunta revelaría mucho de mi mundo interior, del mismo modo como lo hacen mis letras. Escribo porque le temo a la muerte y porque le temo a la vida.
La muerte nos arranca de este mundo sin que podamos hacer algo al respecto mientras que el tiempo se encarga borrar de las memorias los rastros de nuestra existencia. Para contrarrestar las consecuencias del complot de la muerte y el tiempo, yo me siento detrás de un teclado y escribo algo que pueda dejar como evidencia de mi existencia. Muy probablemente le tengo más pavor al olvido que a la muerte.
También le tengo miedo a la vida, mejor dicho, le temo a vivirla plenamente. Prefiero no toparme con sus albures. Es por esta razón que me invento una vida paralela a la real en la que soy un personaje literario que hace todo lo que realmente quiero hacer.
Por último, escribo porque me gusta escribir (tanto así que me sumerjo en una especie de trance al hacerlo). Pues, no hay nada más placentero que escuchar el sonido que producen mis dedos en el teclado ni nada más satisfactorio que ver cómo se materializan en la pantalla las ideas que están muy metidas en mi alma.

domingo, 31 de agosto de 2008

Una niña carismática

Bajé del micro y de pronto me encontré con la atmósfera siempre densa y bochornosa del centro de Lima, -pese a que el frío húmedo de esta cuidad me cale hasta los huesos con frecuencia- esto se debe a la abundancia de plomo que se hay en el aire. Cada vez que regreso al centro, todo me parece más grisáceo y opaco debido a la contaminación ambiental.
Caminé del brazo de mi compañera por la avenida Huancavelica y esquivamos a la gran cantidad de mujeres no muy alegres pero con sonrisas cordiales que nos invitaban a sus locales en los que venden gafas con todos los tipos de cristales o resinas y cualquier variedad de monturas. Por un momento sentí la asfixia que deben sentir las divas y divos de este planeta cuando son rodeados por una multitud que los aclama. Soñé ese efímero instante con la fama y lo lamenté.
Lo agradable de ir a pasear al centro de Lima es que siempre se encuentra algo extravagante por las calles. Esta vez encontré a un ciego cantando en ruso en una esquina, se supone que esto tendría que conmover a la gente que pasaba por su lado y dejarle algunas monedas de propina en la vasija de plástico que mostraba con el brazo derecho estirado. A pesar de que me conmovió, una fuerza intuitiva me impidió darle los treinta céntimos que me sobraban en el bolsillo, un presentimiento me dijo que iba a necesitar ese escaso dinero en otra cosa.
Dimos una vuelta por la Plaza de Armas y luego fui al Parque de la Muralla, donde había un grupo de patos, donde uno muy torpe hizo que nos cagaráramos de la risa casi literalmente. De regreso pasamos por la iglesia San Francisco, donde descubrí que el amor que mi compañera sentía por las aves era solo cuando éstas se presentaban por unidad. Tuve que rectificar el miedo que dije tener a las palomas en inmensa cantidad para que ella se sienta un poco segura.
Cuando volvimos por el Jirón de la Unión, una niña me pegó un distintivo en el pecho que acreditaba que había donado algo para alguna institución de caridad y me dio una estampilla de Rosa de Lima. Le di los treinta céntimos que tenía en el bolsillo de mi pantalón:
-Cuesta un Sol –me dijo la niña con una tierna sonrisa en sus labios.
Mi compañera me jaló del brazo diciéndome que no le compre, de cualquier modo no lo hubiera hecho. Creo que ella ya sabía de esa artimaña que intentó hacer la ñina.
-Pero no tengo más dinero.
-Allí he visto un Sol, joven.
-Pero ese es mi pasaje, vivo en Barranco y no quiero irme caminando –le dije con una sonrisa que reflejaba la simpatía que me había causado esa niña.
-Payaso eres. Métete tus monedas al poto –me dijo quitándome el distintivo y la estampilla, devolviéndome mis monedas amarillas.
Lo peor de todo era que el ciego ya no estaba en cruce con la avenida Huancavelica.

viernes, 25 de julio de 2008

“¡Ay, bajo!”,

El carro estaba lleno de pasajeros y la avenida Arequipa repleta de carros.
Era una de aquellas mañanas de nubes grises y espesas, el cielo limeño tenía ganas de llorar, estaba oscuro, parecía de luto: había muerto la paciencia de muchos a causa del caos vehicular.
Todo el mundo tocaba sus cláxones, los cuales hacían un concierto de ruidos insoportables y sin armonía alguna. Algunos conductores se insultaban, gritaban. Los “dateros” estaban aburridos.
Nadie hablaba en el carro, los pasajeros sudaban y había cierto hedor que no se disipaba a causa de los vidrios empañados que estaban cerrados para que no se cuele el frío. Todos estaban apachurrándose los unos a los otros.
El tráfico se había agilizado un poco cuando un gordo desaliñado y con una figura digna de un cavernícola, que se había sentado en el asiento más alejado de la puerta, se dispuso a bajar. Avanzaba empujando y aplastando a cuanto pasajero se le cruzaba en el camino, arrancando aullidos de dolor y de disgusto. “Bajo en la esquina”, decía casi con desesperación, su voz era gruesa y fuerte. “¡Bajo!”, gritó al ver que el carro se había pasado de paradero. Al parecer, el próximo grito iba a ser resonante: “¡Ay, bajo!”, dijo con una voz aflautada. Todos los pasajeros rieron o sonrieron ante la afeminada locución del gordo.

lunes, 23 de junio de 2008

Lo que me irrita de...los hombres que usan a Benedetti para levantar

Insisten en que son unos genios incomprendidos y con su existencialismo optan por engatusar a cuanta mujer se les atraviesa. Diatriba contra estos hombres que dicen ser los últimos románticos del mundo.

Por: MARÍA ALEJANDRA PAUTASSI

De tanto buscar la mirada precisa y la palabra perfecta uno termina deseándoles (por su propio bien) que ojalá pase algo que los borre de pronto. Poetas de parque. Filósofos de tienda. Dibujantes de servilleta. No importa el nombre que usemos para identificarlos, a qué tipo de personajes hayamos conocido o a quiénes hayamos padecido —existen demasiadas derivaciones del prototipo—, estos sujetos tienen un mismo patrón de comportamiento: se disfrazan de artistas, intelectuales y escritores para seducir a cuanta mujer se les cruce en el camino. Entre los poemas que más recitan, sin duda, está uno de Mario Benedetti: Mi táctica es/ mirarte/ aprender como sos/ quererte como sos/ Mi táctica es/ hablarte/ y escucharte/ construir con palabras/un puente indestructible. Se saben un par más, solo por si acaso.
Su comportamiento es difícil de explicar; son animales de extrañas costumbres. De temperamento sensible y apasionado (eso, al menos, quieren parecer), idealistas y tontos, imitan a Oliveira, el de Rayuela, o a Oliverio, el de El lado oscuro del corazón, al joven Werther, Raskolnikov o a cualquier pobre incomprendido de la literatura. El resultado es trágico: son los últimos románticos, los últimos trasnochados 'romantecos'. El fin de la Guerra Fría, la Revolución Feminista, Michael Jackson, internet, la caída de las Torres Gemelas y los seis años de gobierno de Álvaro Uribe no han logrado modificar su comportamiento. Ellos persisten. Sus motivaciones, en cambio, son distintas. Se puede decir, acaso, más sutiles y más simples.
Son esos personajes sombríos que van por la vida, melancólicos y malencarados, en busca del buen amor. Se pueden encontrar en los bares que no están de moda: El Bulín, el Café de la Montaña, Maderos, Magitinto (aunque de los últimos dos, desgraciadamente, hace tiempo se perdió el rastro). Un lugar oscuro, en todo caso, con chimenea; mientras más madera rústica y más incienso, mejor. Y si por despiste o error de juicio terminan en Andrés o Gavanna o cualquier lugar en el que se practique la buena costumbre de bailar, se quedan en su puesto quieticos, con los ojos bien abiertos y con un vaso de trago en la mano. No hay por qué alarmarse, sin embargo. Su actitud se debe a una o varias de las siguientes razones: a). Están disfrutando como enanos con su dolor (se recomienda dejarlos), b). Esperan que una dama sensible se compadezca de ellos (aunque exista la tentación, es importante nunca, ¡nunca!, mirarlos), o c). La más común, buscan los personajes de su próxima novela (no se preocupen, nunca escribirán nada). Merodean taciturnos por las universidades, los cineclubes, los centros culturales y la bibliotecas públicas, pero es difícil establecer si son estudiantes, profesores o vagabundos. Los parques de Teusaquillo son de su especial agrado y, al parecer, el Park Way los inspira.
Si por casualidad los encontramos de buen ánimo (una rara excepción), dirán que leyeron a Nietzsche a los 16 años (y lo entendieron), que a los 13 empezaron escribir su primera novela (y la dejaron), y afirman con los ojitos iluminados, que desde tiempos inmemoriales fueron existencialistas. Se identifican con 'Mersó', el personaje de El extranjero de "Camí" (porque muchas veces dicen saber francés); están enamorados de Madame Bovary (como Mario Vargas Llosa) y creen que todo es una relación ontológica y que cada encuentro se debe a una alineación de los astros. No se les conoce profesión fuera de la de ser amantes de tiempo completo. Todo lo que hacen, lo hacen por amor: amor al arte, amor a sí mismos, porque el amor es más fuerte, o por simple y puro amor (es decir, a sí mismos). Para seducir fusilan a cuanto escritor les caiga en las manos: Onnetti, Benedetti, Bioy Casares, Cortázar (especialmente el capítulo 7 de Rayuela, el único que leyeron: "Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano…") y Borges. Y la táctica y la estrategia que usan para acercarse a las mujeres es clara: confúndelas y dominarás.
Si los poetas de parque se quedaran en el lugar que les corresponde —el parque— no habría ningún problema. En el parque están bien; fuera de él simplemente no funcionan. Hablan de literatura en los bares y se van de levante a la biblioteca. Miran a su presa hambrientos desde el otro lado del anaquel, esperan un descuido para saber qué lee y si les interesa atacan: le lanzan un papel de cuaderno con un poema recién escrito que, cómo no, es de su propia autoría. Duermen cuando el resto de la gente está despierta y trabajan cuando todos están dormidos, y felices y ojerosos les encanta decir que son noctámbulos pues los pobres, ingenuos, están convencidos de que es un síntoma de su genialidad (¿acaso no lo fueron Benjamin, Goethe y Rimbaud , se preguntan extrañados en sus reuniones de parque). Leen en las bancas de la calle, escriben en las cafeterías, usan bufanda si hace calor y hacen todo tipo de maromas para hacerse notar. La más destacable: hablar, porque el lenguaje en ellos tiene giros inesperados. Ellos no son borrachos, son beodos, como en el siglo XIX, y no toman aguardiente, porque beben vino (ojalá caliente). Si toman, toman un taxi y si cogen te cogen a ti (a mí, a nosotras, como en Argentina o en España). Por eso, tristemente, ellos no tiran. Si tiran, tiran de algo (no tiran algo): de un cordel, del cabello de la mujer amada o cualquier fruslería que se les cruce por el frente.
Por lo general tienen una o varias novelas inéditas guardadas en el cajón de la mesita de noche, esperando a que llegue el momento de publicación, el ínclito momento (según sus propias palabras) en que su genio por fin será reconocido. Los más realistas saben, sin embargo, que ese día llegará después (de su muerte) y cargan la cruz de su incomprensión de una manera bastante digna: con malhumor. Quizá esta sea la razón de que busquen el amor a la vuelta de cada esquina, debajo de las piedras y más allá de las estrellas —un amor que redima sus pobres existencias—. Y este es precisamente el riesgo que representan. No saben lo que hacen, en la vida como en el amor.
*[Este artículo me lo envió un compañero de la Universidad, me pareció muy interesante y tengo el descaro de publicarlo como una entrada. Para ir a la página de donde la sacó has clic en el título.]

miércoles, 18 de junio de 2008

Educación en el Perú

Este es un artículo que lo escribí el 27 de julio del 2006. Revisando los archivos de mi PC, lo encontré en una carpeta Si fuese la PC un cerebro humano, lo encontré allí, "donde habita el olvido".

¿Cuáles fueron los ideales de la revolución francesa? Esta pregunta pone en graves aprietos a los jóvenes que acaban de cursar el quinto año de secundaria; peor aún, algunos de ellos no saben ni el significado que tuvo esta revolución. Pero la culpa de esta situación no debe caerle a estos jóvenes sino sobre el deficiente sistema educativo de nuestro país. Esta realidad es lamentable ya que la educación es el engranaje principal para el desarrollo de una sociedad, es decir, una educación defectuosa es una cadena de hierro que ata a una nación al tercer mundo. No se puede hacer nada contra el descontento social si es que no se mejorara la formación de buenos ciudadanos -técnicos o profesionales- que puedan mantener en constante crecimiento el desarrollo del Perú.

En primer lugar, el Estado debería aumentar el porcentaje de dinero designado para los sueldos de los maestros. Muchos de los profesores tienen más de un centro de trabajo ya que su sueldo no les alcanza para vivir dignamente; es por ello que no pueden desempeñar su labor con la mayor eficacia. Lo más indignante es que estos profesionales cobran como salario menos que muchos técnicos que solamente han estudiado tres años de especialización a comparación de los cinco años que se toman los educadores profesionales.

También se debería hacer algo por aquellos colegios que se están cayendo por pedazos. Los alumnos de estos centros educativos estudian sentados en ladrillos, en salones improvisados de esteras y sin puertas ni ventanas, con pizarras que no son más que un triplay pintado de negro. Estos alumnos luchan cada día para ser mejores, contra el frío de sus aulas y contra la indiferencia del Estado.

Por otro lado, los alumnos egresados de los centros educativos no son capaces de resolver un examen para ingresar a estudiar en instituciones de educación superior sin ningún tipo de estudios en academias, es decir, los niveles de aprendizaje son muy bajos. Además, en la secundaria no se estudian todos los cursos que se toman en uno de estos exámenes, por ejemplo, el curso de Filosofía no es tocado en muchos colegios de jurisdicción estatal.

La construcción de centros educativos en los lugares más alejados de las zonas urbanas es, también, muy importante; de este modo, los niños y jóvenes de estos lugares no se sentirán excluidos. La apertura de universidades y la generación de profesionales en provincias es un eje esencial para el crecimiento de éstas.

En el cronograma de temas a tratar, es necesario acentuar los asuntos éticos y morales. Las instituciones educativas son la base del comportamiento de las personas, esto es, estas entidades son las verdaderas responsables de la conducta de los ciudadanos. Si existe una buena formación con valores, la comunidad estará bañada en las aguas del bien ético.

Otro de los problemas que afectan a la educación es el hecho de que los profesores no están de acuerdo con que se les evalúe. Ellos temen perder su trabajo pero no se preocupan por capacitarse. Pero está todo calculado, si se les desea evaluar están preparados para ir corriendo a esconder su ignorancia detrás del muro que es el SUTEP y paralizar sus actividades perjudicando, de esta manera, a los alumnos; para esto alegan la supuesta inestabilidad laboral a las que peligran. Pues, si hay profesores con mejor capacitación deberían entrar a trabajar por aquéllos que no lo están. Lo que se quiere explicar en estas últimas líneas es que el SUTEP se ha convertido en el refugio de los profesores incapaces que se agrupan en ese sindicato que sólo sabe levantarse en huelga cada vez que no están de acuerdo con él.

La política del sector educativo debe ser la meritocracia. Los profesores y directores deben ser evaluados para corroborar si son realmente eficientes. Por otro lado, aquellos trabajadores de la educación que ya tienen un puesto fijo deben esforzarse para mantenerlo. Así se evitarán aquellos profesores que dictan los temas y dejan tareas, no explican.

En conclusión, los problemas de la educación se terminarán cuando el Estado designe más dinero para este sector y, los profesores tomen conciencia al darse cuenta que en sus manos está el futuro de Perú. La ciudadanía espera que esta nueva administración gubernamental se preocupe por la educación peruana que, en realidad, está en pésimas condiciones a comparación de cualquier país de América Latina.

“La mejora del sistema educativo en nuestro país no sólo está en manos del Estado, sino también les concierne a los educadores, a los directores y a la cooperación de los padres de familia, en el caso de los centros educativos”.

lunes, 19 de mayo de 2008

La avenida de cinco cuadras

Barranco es, sin duda, un distrito tradicional, en el cual han vivido grandes intelectuales como José María Eguren, Martín Adán, entre otros; y muchos de los literatos y artistas actuales son de este distrito. Es por ello que algunas personas –talvez con una labia injustamente sarcástica- dicen que en Barranco todos se sienten capaces de llegar a ser grandes intelectuales simplemente por el hecho de ser residentes.

Una de las vías principales de Barranco es la avenida Pedro de Osma, la cual es tan legendaria como el distrito en el que se encuentra.

El nombre de esta avenida es en honor a don Pedro de Osma y Pardo, quien fue uno de los mejores alcaldes que Barranco ha tenido.

Esta avenida empieza en el Parque Municipal y termina en el límite con Chorrillos. Tiene tres pistas: Una grande, de dos carriles, en la cual transitan los autos de norte a sur; y dos de un solo carril al lado de la grande, una de sur a norte y otra en la que transita el tranvía eléctrico de exhibición.

Este tranvía, pintado de rojo y gris, recorre toda la avenida Pedro de Osma y permite que el pasajero que sube en él retroceda en el tiempo y recuerde la época en la que reinaba este tipo de transporte público. Los rieles por los que pasan las ruedas de este tranvía son originales y la calzada de la avenida ha sido construida sobre los rieles por los que, anteriormente, eran desde el Centro de Lima hasta Chorrillos. Esta era una ruta muy concurrida por las personas de alto nivel social que tenían sus casas en el balneario barranquino.

Entre las pistas hay enormes y añejos árboles, los cuales dan el aspecto de una alameda a esta avenida. La sombra de estos árboles hacen que esta vía sea muy fresca en el verano, lo cual hace que pasea a pie por la misma sea una verdadera delicia. Durante el invierno, estos los árboles desbordan una dulce melancolía, pareciera que lloraran, pues, la neblina que cubre el distrito se queda atrapada en la copa de los mismos y cae en forma de gotas. Estos árboles son verdaderos ecosistemas en los cuales habitan traviesas ardillas, palomas, gallinazos en las copas.

Por otro lado, las casas que bordean a la avenida Pedro de Osma son de muy diversas formas y difieren mucho en sus épocas de construcción: hay residencias que son muy modernas y lujosas, de innovadores estilos; también hay casonas antiguas hechas de adobes, quincha y madera, que son verdaderas joyas arquitectónicas, muchas de las cuales han sido declaradas patrimonios culturales por el Instituto Nacional de Cultura; también podemos encontrar construcciones modernas con el estilo y el acabado de las casonas, es decir, una síntesis de los dos primeros tipos.

En esta avenida existen varios locales de diversión para todos los niveles sociales. Bares, teatros, cafés, museos, restaurantes, etc., son lugares que le dan un gran atractivo turístico a esta vía, gracias los cuales se obtienen gran porcentaje de los ingresos a las arcas de la comuna. Pues, podemos encontrar entretenimiento para todos los gustos: se pueden saciar los placeres físicos y los intelectuales.

El atractivo más grande de esta avenida es el museo Pedro de Osma, que fue la casa de don Pedro de Osma y Pardo, y ornamentada por Pedro de Osma y Gildemeister (hijo de Osma y Pardo) con sus obtenciones artísticas, la mayoría de ellas de la escuela cuzqueña. Esta mansión es enorme y de impetuosa arquitectura. El blanco con la que es teñida es impecable y las estatuas que hay dentro hacen de ella un verdadero palacio.

Otro de los lugares visitado de esta avenida es el Museo de la Electricidad, se expone mucho acerca de la importancia de la energía eléctrica. Además se dictan cursos de Electrónica Básica. Esta entidad está a cargo del manejo y administración del tranvía.

En las noches de los sábados esta avenida es muy concurrida. Los domingos en las mañanas esta avenida se llena de personas que se dirigen a la iglesia que se encuentra en el parque, mientras que por las tardes se pueden observar a los niños que van a jugar con sus bicicletas, sus patines, pelotas, etc. al Parque Municipal, pero por la noche está muy vacía que la tristeza de la nada se asoma por este lugar.

En conclusión, la avenida Pedro de Osma es, sin duda, una de las vías más simbólicas de Barranco. Encierra un resumen de una vida ideal: el parque para los niños con su biblioteca para la lectura y el cultivo intelectual, los teatros, galerías, museos, comidas criollas, acogedoras aceras para un paseo ensoñador,… todo esto en una avenida de cinco cuadras.

sábado, 15 de marzo de 2008

El fabricante de ilusiones

El fabricante de ilusiones se ha escapado de los límites de su trabajo y ahora fabrica bilis. Ha dejado que una de sus ilusiones -que parece aún dolerle que haya sido solo una ilusión- le ocasione una rabieta de niño sin juguete.
Señor fabricante, la vida es una ilusión que se tiene que saber moldear. Hay que mirarla con una cara sonriente, aunque nos traiga sinsabores; debemos esquivar los dolores y aprovechar los placeres que nos manda.
Usted ha tomado muy en serio a la espina clavada en su corazón por un idilio que fabricó en sus sueños y nunca fue parte de la realidad. La sangre que brotó de esa decepción sirvió de tinta para esa literatura hepática de la que ahora es usted autor. Un papel en blanco es un istrumento en el que el Dios Escritor crea mundos diferentes que existen solamente en la imaginación de los lectores. La literatura se hace con pasión, no con hiel. Es un arte, no una terapia o una catarsis.
Puta es a ira que le hace renegar y, de ese modo, traicionar a una persona -que no es más que la protagonista de una ilusión mal fabricada- que lo quiere de una manera insuficiente para usted y por ello le da el calificativo con el que empieza esta oración. Póngale más ficción a esa historia que, por la rabia que vierte en ella, delata a la dueña de la mano que estruja su corazón.

viernes, 29 de febrero de 2008

Carta a una chica descreída

“El amor, por etéreas e ideales que sean sus apariencias, tiene su raíz en el instinto sexual” (Arthur Schopenhauer).
Hoy, en la tarde mencionaste que, para Schopenhauer, el amor se caracteriza principalmente en el deseo por la procreación y la conservación de la especie. De lo cual, mediante un razonamiento -para mí erróneo, o por lo menos con un modo trágico de ver las cosas- dijiste que es lo que lo diferencia con la amistad: una persona ama a otra porque desea reproducirse con ella.
Bien, amiga, me parece que aún no tienes que jubilar de esa manera tan cruel al pobre de Cupido, negando su trabajo. Schopenhauer tiene razón: el amor tiene su raíz en el instinto sexual y esto forma parte de la triste realidad. Eso no quiere decir que el amor no exista, tampoco que es un derroche de la libido, ni una ilusión literaria que sirve de excusa para fornicar.
Me parece que el amor se instauró en la raza humana cuando los varones empezaron a tener aptitudes especiales para con las mujeres con quienes se querían aparear, poco a poco esto fue tornándose en lo más importante que, de este modo, fue naciendo un rasgo psicológico, un sentimiento. El ser humano se fue llenando de ese sentimentalismo. Por más que haya tenido ese origen, no debemos ver al amor como una morbosidad pérfida.
El amor es real, no podemos echar al tacho las grandes inspiraciones que han tenido los poetas, los dramaturgos, los pintores que alguna vez han trabajado con este sentimiento como principal herramienta. Amiga, el amor no es solo parte de un idealismo, se puede materializar mediante el Arte. El amor existe, tú lo sabes porque has amado.
Me parece que Schopenhauer, viéndolo de la manera como lo has interpretado, es un reprimido sexual.

domingo, 13 de enero de 2008

Creando mitos

No podría decir cuándo ocurrió esta historia porque aún no se había creado el tiempo. ¿Cómo sé lo que sucedió? Se me fue revelada mediante un algo que escapa al tiempo y al espacio: por medio de un sueño.
El absolutismo que había instaurado por un espíritu poderoso y muy petulante que hacía llamarse Dios en el Cielo estaba amenazado por la rebelión de uno de sus generales llamado Luzbel, quien estaba en desacuerdo con los planes de la creación de unos seres muy superiores en comparación con el resto de entes del planeta que será llamado Tierra (uno de los más hermosos proyectos de Dios), después de la creación del tiempo, el espacio y la materia.
Luzbel creía que la creación de estos seres, que serían llamados humanos, era perjudicial para toda la vida en el futuro planeta, pues esta especie se aprovecharía de su superioridad para controlar a su antojo y conveniencia el planeta. Pero, ¿por qué Yahvé –así se llamaba el espíritu que gobernaba en el Cielo- quería crear a estos seres con la capacidad intelectual superior a la de los otros organismos con los que se tenía como proyecto poblar ese planeta? La respuesta que dio éste fue sencilla e inmadura: para que los humanos lo quieran y lo adoren.
La rebelión de Luzbel no tuvo éxito, los soldados con los que contaba Yahvé para defender su reinado era muy superior a los de aquél. El rebelde fue expulsado del Cielo y, como hasta antes de su levantamiento había sido el brazo derecho de Yahvé, éste lo hizo rey de un lugar muy alejado al que llamó Infierno, para que de este modo no haya peligro de que se vuelva a sublevar ante la monarquía absoluta que tenía Yahvé en el Cielo.
El proyecto de Yahvé se cumplió, él creó el tiempo y el espacio, luego la materia. Hizo los planetas, hasta el que se le llamó Tierra, a pesar de que esté constituido por las dos tercias partes de agua y solo una tercera parte de tierra; también a los seres que habitarían en él y a los llamados humanos con el nivel intelectual con el que se tenía planeado.
Todo salió como lo predijo Luzbel -a quien ahora todos habían deformado su nombre, ahora lo llamaban Lucifer-: Muerte, guerras, destrucción, matanzas, contaminación, mentiras, hipocresía, peleas, vanidad, odio,... Yahvé le echó la culpa de todo esto al protagonista de este relato. Hizo que los habitantes de la Tierra le tuvieran pavor, y los amenazó, si no vivían como él quería, a enviarlos junto con el ángel Luzbel en su destierro en el Infierno. Pues, no funcionó. Mandó a su hijo –que era él mismo encarnado- y nada. Los seres llamados humanos se sintieron dueños de la Tierra, le quitaron su hermosura. Muy egoístas. Nuestro héroe estuvo recibiendo en su estancia a las fallas más notorias de la creación de Yahvé.