martes, 16 de enero de 2007

UN SUEÑO EN NAVIDAD

De repente llegué a ese lugar que parecía muy familiar pero que en realidad nunca había pisado. Era una casa con una fachada de un color verde aturquesado con una puerta de vidrio, como la de un hotel. Ingresé. La sala era pequeña. Un sofá azul, en el cual había una colcha gruesa del mismo color, parecía darme la bienvenida. Me senté sobre él a esperar a María. Otro sofá más pequeño estaba en aquella salita, sobre el cual había una sábana blanca doblada y muy limpia.
María es mi amiga desde hace tres meses, llegó dentro de unos pocos minutos. Ella es delgada; pequeña, pero solo físicamente porque es una gran persona; su vida es muy complicada; tiene el cabello teñido de color negro (las raíces del su natural cabello castaño se asoman tímidamente desde su cabecita); ojos impactantes; su rostro siempre es adornado con una sonrisa tierna, como la de una madre; y parece estar muy enamorada.
Ella me dijo que iba a venir con su enamorado para presentármelo pero apareció sola. Ella acercó su cobriza mejilla y me saludo con un beso y dijo:
-Ya no tarda en llegar mi enamorado y lo conocerás, es un tipo espléndido.
-Bueno, me mata la curiosidad- dije con una ironía que ella no entendió o fingió no entender.
Esa tarde hacía un frío invernal, a pesar que era 25 de diciembre y en este país es verano. Usábamos ropa ligera y ella se sentó en el sofá grande y se cubrió con la colcha gruesa yo me coloqué a su lado y me cubrí con la sábana. Su cuerpo estaba caliente a pesar del frío que hacía.
Yo, sutilmente, cogí una de sus ásperas y pequeñas manos y le dije:
-Tu mano siempre está calientita, debes tener un fuego interior.
Ella sonrió mientras yo entrelazaba mis dedos con los suyos. Yo estaba casi enamorado de María, la quería tanto y por eso no llegaré a enamorarme jamás de esa mujer tan bella. El amor solamente trae complicaciones y prefiero el sentimiento amical al romance, talvez pienso eso porque nunca me he enamorado realmente (en algún momento creí estarlo de otra persona de la cual no voy a detallar ahora) como ella parecía estarlo. Eso, en ocasiones, me hace sentir solo y esta vez la soledad me seducía a comer el fruto que no era mío.
La abracé. Ella parecía leer mi alma (a veces creo que apesto a soledad y doy lástima, de manera que mi alma es un libro fácil de leer) y también me abrazó tímidamente. En ese instante imaginaba que llegaba un joven alto, fornido, de cabellera ondulada y larga, que entraba exaltado por la puerta, después de destrozarla a patadas, y me mentaba la madre al mismo tiempo que me golpeaba furiosamente. Yo estaba decidido a seguir con las caricias hasta que su enamorado realice lo imaginado.
En ese momento sentí que alguien se caía sobre mí y yo pensé que era la hora de recibir los puños del enamorado de María en mi rostro.
-Conéctame el Play Station- dijo una voz de infante.
Era mi hermano que me había sacado de un sueño improbable de realizarse. El niño me salvo de una paliza pero me arrancó de las tibias manos de María. Era el mejor sueño que había tenido en mucho tiempo y se acabó.

1 comentario:

  1. Respondo un comentario que me dejaste hace tiempo.

    Me parece incoherente que una persona no cristiana celebra la navidad. ¿Para qué la va a celebrar si para esa persona Jesús no significa nada? Yo no celebro lo que no creo. Toda religión tiene dogma (lo que se cree) y rito (celebra lo que cree) Y sin embargo es una fiesta que siempre será celebrada por todos por ser la fiesta más popular.

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