sábado, 20 de enero de 2007

Exploremos su vanidosa mente

Ahora que vuelvo al poder, después de dieciséis años, tendré la oportunidad de reparar las barbaridades que hice. Mi orgullo no me permite morir con un fracaso tan grande sobre mi conciencia y haré lo que mi gente
me pide, porque “soy del pueblo”.
Le prometí al País que aplicaré la justicia máxima contra los violadores y asesinos de niños y a los terroristas, como en este país solo Dios es más que yo, tendré los recursos para cumplirlo. Si el Congreso osa en no aprobar mi proyecto de ley, haré un referéndum para cambiar la Constitución y cumplir mi capricho, el capricho del pueblo. Es lo que haré. En caso de que la Corte Interamericana de los Derechos Humanos no me deje aprobar dicha ley, sacaré al país de dicha institución, de paso no cumpliré con el fallo que sentencia una pleitesía por parte del Estado hacia los asesinados en el penal Castro Castro. Además, cumplir una sentencia de ese tipo es una humillación para un semidiós como yo.
¿Y si se atreven a preguntarme por el derecho a la vida? Ya sé. Les daré un discurso demagógico –en eso soy experto- y les diré con unas elegantes palabras que las víctimas de los delitos antes mencionados merecen justicia, que hay que escuchar el clamor del pueblo que es la voz de Dios.
El estado –o sea yo- tiene el deber de cumplir con las exigencias de la población por más salvajes que sean. Si el país pide venganza, yo estoy dispuesto a matar a aquellos criminales, me convierto en un bárbaro para darle a la nación lo que requiere. Mírenme, ¡soy la divinidad que castiga a los facinerosos! ¡Acabemos con la vida de esos miserables!
No es terquedad sino ganas obsesivas de hacer las cosas, de cumplir con las promesas que me llevaron al sillón presidencial. ¡Exacto! Si las cosas no pasan como quiero me quejaré y diré que el Congreso está de espaldas al pueblo, que la Corte Interamericana esta del lado de los terroristas y quedo como el bueno de la novela que se escribe en este país. Mi excusa será: “intenté cumplir mi promesa pero no me dejan”.

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