Cuando acabó la clase de inglés, me acordé que no tenía dinero para mi pasaje de regreso a casa. “María debe estar en la cafetería, le pediré a ella que me preste un Sol”, pensé. Cuando llegué a la cafetería me di con la sorpresa de no encontrarla allí. “¡Qué extraño!, ¿por qué no habrá venido? Ella casi nunca falta a sus clases de italiano pero ya dejó de asistir a las clases de inglés, aunque desee hacerlo. Lo peor de todo es que me tendré que ir caminando a mi casa”, reflexionaba yo mientras me sentaba en una de las mesas, fastidiado por tener que caminar desde San Isidro hasta Barranco.
En eso llega María con cara de pocos amigos.
-¿Por qué llegaste tarde, amiga? –la saludé afectuosamente, y decidí terminar con tono de broma- hoy te quiero más porque necesito de tu ayuda.
-¿En qué puedo ayudarte?
-Necesito que me prestes un Sol para ir a mi casa.
Sacó un pequeñísimo monedero que tenía en el bolsillo de su pantalón y me dio lo que le pedí.
-¿Qué te pasa? Te veo un poco extraña.
-Me duele la cabeza.
No quise preguntarle la causa del dolor, temía que se disgustase conmigo o que se acuerde del mal rato que le habría sucedido. Además, ella casi siempre llegaba malhumorada y luego se le atenuaba la molestia. No le di mucha importancia.
Llegó a la cafetería mi profesor de inglés, Mr. Carrillo, quien dijo:
-This woman is beautiful but not comes to class.
-She is so beautiful that she would win the contest of EIGER's beauty –contestó Mr. Alfaro, nuestro professor de básico de inglés. María solamente sonrió, al parecer solo había entendido algo del diálogo.
-A ver párate –dijo Mr. Carrillo.
-No, profe –contestó ruborizada mi amiga.
Los profesores se retiraron diciéndome que la inscriba en el concurso, como si yo fuese su representante. Dije que así lo haré sin siquiera saber si existía un concurso de belleza en la academia, pues eso no era importante sino los piropos que había recibido María: ¿En realidad ella los merecía?
Cuando llegaron sus compañeras de su curso de italiano, nos pusimos a conversar. Generalmente yo no intervengo en esas conversaciones, me gusta oír lo que ellas hablan, es muy interesante porque me hacen ver cómo piensan las mujeres. Pero esta vez era distinto, yo no me interesaba en eso sino en lo que habían dicho los “teachers”. Me puse a contemplar a María y a pensar en ella:
“Realmente ella es muy bonita, no sé cómo no me había dado cuenta antes, a pesar que me atrae de cierto modo. Pero, ¿es tan bella como para participar en un concurso? Sí.”
Observé su ordenada cabellera que cae lisamente hasta sus hombros, su fino rostro en el que hay un par de ojos marrones como la caoba, una nariz pequeña un respingada, unos labios delgados que por un momento me dieron ganas de besar. Ella es delgada, con el cuerpo con forma de guitarra. ¡Es realmente preciosa! Es un verdadero espectáculo verla y yo no me había dado cuenta hasta entonces. He aprendido a disfrutar de su presencia, ya no solo por su comportamiento sino también por su físico. Hoy nació la admiración hacia el cuerpo monumental de mi amiga, hacia la estatua humana tallada por inspiración divina de Afrodita, quien debe estar entre llantos de envidia, allá en el Olimpo.
En eso llega María con cara de pocos amigos.
-¿Por qué llegaste tarde, amiga? –la saludé afectuosamente, y decidí terminar con tono de broma- hoy te quiero más porque necesito de tu ayuda.
-¿En qué puedo ayudarte?
-Necesito que me prestes un Sol para ir a mi casa.
Sacó un pequeñísimo monedero que tenía en el bolsillo de su pantalón y me dio lo que le pedí.
-¿Qué te pasa? Te veo un poco extraña.
-Me duele la cabeza.
No quise preguntarle la causa del dolor, temía que se disgustase conmigo o que se acuerde del mal rato que le habría sucedido. Además, ella casi siempre llegaba malhumorada y luego se le atenuaba la molestia. No le di mucha importancia.
Llegó a la cafetería mi profesor de inglés, Mr. Carrillo, quien dijo:
-This woman is beautiful but not comes to class.
-She is so beautiful that she would win the contest of EIGER's beauty –contestó Mr. Alfaro, nuestro professor de básico de inglés. María solamente sonrió, al parecer solo había entendido algo del diálogo.
-A ver párate –dijo Mr. Carrillo.
-No, profe –contestó ruborizada mi amiga.
Los profesores se retiraron diciéndome que la inscriba en el concurso, como si yo fuese su representante. Dije que así lo haré sin siquiera saber si existía un concurso de belleza en la academia, pues eso no era importante sino los piropos que había recibido María: ¿En realidad ella los merecía?
Cuando llegaron sus compañeras de su curso de italiano, nos pusimos a conversar. Generalmente yo no intervengo en esas conversaciones, me gusta oír lo que ellas hablan, es muy interesante porque me hacen ver cómo piensan las mujeres. Pero esta vez era distinto, yo no me interesaba en eso sino en lo que habían dicho los “teachers”. Me puse a contemplar a María y a pensar en ella:
“Realmente ella es muy bonita, no sé cómo no me había dado cuenta antes, a pesar que me atrae de cierto modo. Pero, ¿es tan bella como para participar en un concurso? Sí.”
Observé su ordenada cabellera que cae lisamente hasta sus hombros, su fino rostro en el que hay un par de ojos marrones como la caoba, una nariz pequeña un respingada, unos labios delgados que por un momento me dieron ganas de besar. Ella es delgada, con el cuerpo con forma de guitarra. ¡Es realmente preciosa! Es un verdadero espectáculo verla y yo no me había dado cuenta hasta entonces. He aprendido a disfrutar de su presencia, ya no solo por su comportamiento sino también por su físico. Hoy nació la admiración hacia el cuerpo monumental de mi amiga, hacia la estatua humana tallada por inspiración divina de Afrodita, quien debe estar entre llantos de envidia, allá en el Olimpo.
dejamedecirte "Dondehabitael olvido" o mejordicho "elolvidodondehabitas" que portu ultima publicacion cuandOvallasacomparar,¡COMPARA BIEN CARAJO!.Porfavor "ojoscomolacaoba",ni que tuviera ojosde madera....
ResponderBorrary porultimo noseastan conchudo de prestarte detu amiga, no abuses de su nobleza, mira que ella tambien esta misia yle estas quitando su pasaje,ahora es ella la que sevino apie,pobresitaa.Espero qle hayas pagado,BASURA.
Gordo, es una metáfora pues. A ti hay que darte los textos con manuales para que los entiendas, ¿no? Jaja.
BorrarSorprendida! Después de muchos años. Interesante texto. Me gusta mucho lo que escribes! (Ruth)
ResponderBorrarGracias, Ruth, por tus comentarios, no sólo los de acá sino también los que me haces por mi Facebook. En serio, cuando leo lo que me escribes me dan ganar de volver a escribir este tipo de historias. Un beso.
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