No podría decir cuándo ocurrió esta historia porque aún no se había creado el tiempo. ¿Cómo sé lo que sucedió? Se me fue revelada mediante un algo que escapa al tiempo y al espacio: por medio de un sueño.
El absolutismo que había instaurado por un espíritu poderoso y muy petulante que hacía llamarse Dios en el Cielo estaba amenazado por la rebelión de uno de sus generales llamado Luzbel, quien estaba en desacuerdo con los planes de la creación de unos seres muy superiores en comparación con el resto de entes del planeta que será llamado Tierra (uno de los más hermosos proyectos de Dios), después de la creación del tiempo, el espacio y la materia.
Luzbel creía que la creación de estos seres, que serían llamados humanos, era perjudicial para toda la vida en el futuro planeta, pues esta especie se aprovecharía de su superioridad para controlar a su antojo y conveniencia el planeta. Pero, ¿por qué Yahvé –así se llamaba el espíritu que gobernaba en el Cielo- quería crear a estos seres con la capacidad intelectual superior a la de los otros organismos con los que se tenía como proyecto poblar ese planeta? La respuesta que dio éste fue sencilla e inmadura: para que los humanos lo quieran y lo adoren.
La rebelión de Luzbel no tuvo éxito, los soldados con los que contaba Yahvé para defender su reinado era muy superior a los de aquél. El rebelde fue expulsado del Cielo y, como hasta antes de su levantamiento había sido el brazo derecho de Yahvé, éste lo hizo rey de un lugar muy alejado al que llamó Infierno, para que de este modo no haya peligro de que se vuelva a sublevar ante la monarquía absoluta que tenía Yahvé en el Cielo.
El proyecto de Yahvé se cumplió, él creó el tiempo y el espacio, luego la materia. Hizo los planetas, hasta el que se le llamó Tierra, a pesar de que esté constituido por las dos tercias partes de agua y solo una tercera parte de tierra; también a los seres que habitarían en él y a los llamados humanos con el nivel intelectual con el que se tenía planeado.
Todo salió como lo predijo Luzbel -a quien ahora todos habían deformado su nombre, ahora lo llamaban Lucifer-: Muerte, guerras, destrucción, matanzas, contaminación, mentiras, hipocresía, peleas, vanidad, odio,... Yahvé le echó la culpa de todo esto al protagonista de este relato. Hizo que los habitantes de la Tierra le tuvieran pavor, y los amenazó, si no vivían como él quería, a enviarlos junto con el ángel Luzbel en su destierro en el Infierno. Pues, no funcionó. Mandó a su hijo –que era él mismo encarnado- y nada. Los seres llamados humanos se sintieron dueños de la Tierra, le quitaron su hermosura. Muy egoístas. Nuestro héroe estuvo recibiendo en su estancia a las fallas más notorias de la creación de Yahvé.
El absolutismo que había instaurado por un espíritu poderoso y muy petulante que hacía llamarse Dios en el Cielo estaba amenazado por la rebelión de uno de sus generales llamado Luzbel, quien estaba en desacuerdo con los planes de la creación de unos seres muy superiores en comparación con el resto de entes del planeta que será llamado Tierra (uno de los más hermosos proyectos de Dios), después de la creación del tiempo, el espacio y la materia.
Luzbel creía que la creación de estos seres, que serían llamados humanos, era perjudicial para toda la vida en el futuro planeta, pues esta especie se aprovecharía de su superioridad para controlar a su antojo y conveniencia el planeta. Pero, ¿por qué Yahvé –así se llamaba el espíritu que gobernaba en el Cielo- quería crear a estos seres con la capacidad intelectual superior a la de los otros organismos con los que se tenía como proyecto poblar ese planeta? La respuesta que dio éste fue sencilla e inmadura: para que los humanos lo quieran y lo adoren.
La rebelión de Luzbel no tuvo éxito, los soldados con los que contaba Yahvé para defender su reinado era muy superior a los de aquél. El rebelde fue expulsado del Cielo y, como hasta antes de su levantamiento había sido el brazo derecho de Yahvé, éste lo hizo rey de un lugar muy alejado al que llamó Infierno, para que de este modo no haya peligro de que se vuelva a sublevar ante la monarquía absoluta que tenía Yahvé en el Cielo.
El proyecto de Yahvé se cumplió, él creó el tiempo y el espacio, luego la materia. Hizo los planetas, hasta el que se le llamó Tierra, a pesar de que esté constituido por las dos tercias partes de agua y solo una tercera parte de tierra; también a los seres que habitarían en él y a los llamados humanos con el nivel intelectual con el que se tenía planeado.
Todo salió como lo predijo Luzbel -a quien ahora todos habían deformado su nombre, ahora lo llamaban Lucifer-: Muerte, guerras, destrucción, matanzas, contaminación, mentiras, hipocresía, peleas, vanidad, odio,... Yahvé le echó la culpa de todo esto al protagonista de este relato. Hizo que los habitantes de la Tierra le tuvieran pavor, y los amenazó, si no vivían como él quería, a enviarlos junto con el ángel Luzbel en su destierro en el Infierno. Pues, no funcionó. Mandó a su hijo –que era él mismo encarnado- y nada. Los seres llamados humanos se sintieron dueños de la Tierra, le quitaron su hermosura. Muy egoístas. Nuestro héroe estuvo recibiendo en su estancia a las fallas más notorias de la creación de Yahvé.
Repito, muy adjetivador (ni bueno, ni malo : tu estilo) No me gustan los temas que tengan que ver con religión.
ResponderBorrarUna pregunta, si eres agnóstico, ¿Porqué escribes dios con D mayúscula?
Escribo "Dios" así, com mayúsculas, porque es un nombre propio. Así como Luciano se escrine con "L" mayúscula, aunque pueda creer o no en tu existencia.
ResponderBorrarMmmm... A tal comparación no me queda más que agradecerte. Traté de encontrar algún autor con estilo parecido al tuyo, pero aún no leo a alguien que escriba como tú. Quizá tu estilo sea comparable con el de Vargas Llosa en sus inicios, con esas descripciones tan perfectas, descripciones internas y externas de sus personajes.
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