viernes, 29 de febrero de 2008

Carta a una chica descreída

“El amor, por etéreas e ideales que sean sus apariencias, tiene su raíz en el instinto sexual” (Arthur Schopenhauer).
Hoy, en la tarde mencionaste que, para Schopenhauer, el amor se caracteriza principalmente en el deseo por la procreación y la conservación de la especie. De lo cual, mediante un razonamiento -para mí erróneo, o por lo menos con un modo trágico de ver las cosas- dijiste que es lo que lo diferencia con la amistad: una persona ama a otra porque desea reproducirse con ella.
Bien, amiga, me parece que aún no tienes que jubilar de esa manera tan cruel al pobre de Cupido, negando su trabajo. Schopenhauer tiene razón: el amor tiene su raíz en el instinto sexual y esto forma parte de la triste realidad. Eso no quiere decir que el amor no exista, tampoco que es un derroche de la libido, ni una ilusión literaria que sirve de excusa para fornicar.
Me parece que el amor se instauró en la raza humana cuando los varones empezaron a tener aptitudes especiales para con las mujeres con quienes se querían aparear, poco a poco esto fue tornándose en lo más importante que, de este modo, fue naciendo un rasgo psicológico, un sentimiento. El ser humano se fue llenando de ese sentimentalismo. Por más que haya tenido ese origen, no debemos ver al amor como una morbosidad pérfida.
El amor es real, no podemos echar al tacho las grandes inspiraciones que han tenido los poetas, los dramaturgos, los pintores que alguna vez han trabajado con este sentimiento como principal herramienta. Amiga, el amor no es solo parte de un idealismo, se puede materializar mediante el Arte. El amor existe, tú lo sabes porque has amado.
Me parece que Schopenhauer, viéndolo de la manera como lo has interpretado, es un reprimido sexual.

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