domingo, 13 de enero de 2008

Creando mitos

No podría decir cuándo ocurrió esta historia porque aún no se había creado el tiempo. ¿Cómo sé lo que sucedió? Se me fue revelada mediante un algo que escapa al tiempo y al espacio: por medio de un sueño.
El absolutismo que había instaurado por un espíritu poderoso y muy petulante que hacía llamarse Dios en el Cielo estaba amenazado por la rebelión de uno de sus generales llamado Luzbel, quien estaba en desacuerdo con los planes de la creación de unos seres muy superiores en comparación con el resto de entes del planeta que será llamado Tierra (uno de los más hermosos proyectos de Dios), después de la creación del tiempo, el espacio y la materia.
Luzbel creía que la creación de estos seres, que serían llamados humanos, era perjudicial para toda la vida en el futuro planeta, pues esta especie se aprovecharía de su superioridad para controlar a su antojo y conveniencia el planeta. Pero, ¿por qué Yahvé –así se llamaba el espíritu que gobernaba en el Cielo- quería crear a estos seres con la capacidad intelectual superior a la de los otros organismos con los que se tenía como proyecto poblar ese planeta? La respuesta que dio éste fue sencilla e inmadura: para que los humanos lo quieran y lo adoren.
La rebelión de Luzbel no tuvo éxito, los soldados con los que contaba Yahvé para defender su reinado era muy superior a los de aquél. El rebelde fue expulsado del Cielo y, como hasta antes de su levantamiento había sido el brazo derecho de Yahvé, éste lo hizo rey de un lugar muy alejado al que llamó Infierno, para que de este modo no haya peligro de que se vuelva a sublevar ante la monarquía absoluta que tenía Yahvé en el Cielo.
El proyecto de Yahvé se cumplió, él creó el tiempo y el espacio, luego la materia. Hizo los planetas, hasta el que se le llamó Tierra, a pesar de que esté constituido por las dos tercias partes de agua y solo una tercera parte de tierra; también a los seres que habitarían en él y a los llamados humanos con el nivel intelectual con el que se tenía planeado.
Todo salió como lo predijo Luzbel -a quien ahora todos habían deformado su nombre, ahora lo llamaban Lucifer-: Muerte, guerras, destrucción, matanzas, contaminación, mentiras, hipocresía, peleas, vanidad, odio,... Yahvé le echó la culpa de todo esto al protagonista de este relato. Hizo que los habitantes de la Tierra le tuvieran pavor, y los amenazó, si no vivían como él quería, a enviarlos junto con el ángel Luzbel en su destierro en el Infierno. Pues, no funcionó. Mandó a su hijo –que era él mismo encarnado- y nada. Los seres llamados humanos se sintieron dueños de la Tierra, le quitaron su hermosura. Muy egoístas. Nuestro héroe estuvo recibiendo en su estancia a las fallas más notorias de la creación de Yahvé.

martes, 9 de octubre de 2007

Tributo a Gina

Salió del centro de salud raudamente pero sin prisa. Es una manía muy humana la del caminar rápido cuando se está preocupado o afligido por algo, como si dentro de uno se ha tomado una determinación pero no hay más que dudas. El médico le había dicho que estaba en cinta. Aunque la demora de más de dos semanas de su sangrado natural y la noche orgiástica en la que estuvo anteriormente al mencionado atraso menstrual le hacían estar casi segura de esta situación. Ella salió tan sorprendida que pareciera que no sospechara la fatal noticia que le dio el médico. Sí, para ella como para muchas mujeres tener un hijo es un evento fatal, pero no caeremos en algún discurso moralista. Solamente nos limitaremos a narrar lo que sucedió.
Pensaba que sus padres, al enterarse, se iban a decepcionar de ella y a echarla de su casa. “Me van a matar si se enteran”, decía en su confundida mente. La idea de ocultarles la noticia la seducía, pero no se sentía capaz de hacerlo. No se veía como madre, pues, ella detestaba a los niños porque cree que son una carga o una responsabilidad muy grande que cumplir. “Yo estoy hecha para una vida libre de responsabilidades como ésta, no voy a cuidar a mi hijo, soy una bestia como persona y una persona inadecuada para criar a un niño. No voy a permitir que este niño nazca en este mundo de mierda, sería una crueldad dejarlo nacer. Yo he tratado de buscar la parte buena de este mundo miserable: lo busqué en la Filosofía pero no me ha dado respuestas –generalmente esta disciplina trata de solucionar problemas, pero cuando lo consigue deja de ser Filosofía y se convierte en Ciencia, y no existe aún la ciencia que pueda desaparecer la miseria de la realidad- también busqué en una vida ligera, sin preocupación, y lo único que me dio es un hijo: una futura víctima de esta desgracia llamada humanidad”.
Iba caminando por la orilla del mar. Era un atardecer muy pacífico: el cielo se tornaba de distintos colores, sobre el cual volaban las gaviotas con su agudo trinar. Ella se va hundiendo por el camino dorado que hace en el océano el reflejo del sol a medio ocultarse. Camina lentamente, con una mano sobre su el vientre y lágrimas, más saladas que el mar, que resbalan por sus mejillas, hasta desaparecer -ellas- en las aguas.

viernes, 17 de agosto de 2007

Algo extraño

En el último rincón una la biblioteca hay un cuerpo, un corazón con débil latido y un tintero y creo que son míos. Todo está frío: el cielo, la lluvia, el suelo, el aire, aquel rincón, el corazón; todo, todo menos el tintero.
No me miren, no estoy loco. No me teman, no soy peligroso; por lo menos no lo soy tanto como mis palabras, mis blasfemias. Solo soy alguien que quiere ser más que una muñeca pálida, que llora sangre, más que una macabra inspiración de Mark Ryden. Combatiré contra la soledad y perderé otra vez, contra mis lágrimas y me taparán los ojos, contra mis sufrimientos y me harás sufrir tú.
Ahora estoy solo, en un bosque frío de árboles tristes. La que me venció ahora me besa y acaricia; yo me dejo besar pero la odio, la aborrezco (siempre un beso es agradable). Llueven las hojas, secas como las venas de mi cara, como gotas de sangre que denotan la muerte. Y yo, solo y frío, pero no muerto.

martes, 10 de julio de 2007

La última lágrima

“Porque amores que matan nunca mueren”, a decir de Sabina. Pero hoy muere el amor, lo asesinaste porque eso es lo que quieres: que no haya amor. Y lo es lo que yo quisiera querer pero no puedo. Desde hoy guardaré este sentimiento en el cajón de las ilusiones rotas. ¿Quieres solo mi amistad? Sólo te daré eso, porque siempre hago lo que me pides, porque ya mis ojos lloraron mucho, ya se secaron como mi alma, que desde ahora la vuelvo a recoger, no la volveré a arrastrar más por ti, la volveré a colorear. Ya no habrán más lágrimas –a parte de estas- que enjuaguen tu vanidad inexistente. El amor lo desecharé y que todo vuelva como antes, así lo haré. Jugaré al idiota que tiene control sobre sus emociones, y trataré de olvidar que solo es un juego. Estas lágrimas serán las últimas que escurren por mis mejillas al pensarte, éste es el último dolor que me causas, esta es la última copa que quema en mi garganta.
Allí va el amor, nadie sabe a dónde pero se va. No hay que extrañarlo, siempre vuelve. No hay que extrañarlo, no vuelve solo sino con más llanto, rabias, alegrías y temores; y espero que sin ti. Pero que se vaya por largo tiempo que me he peleado con él, cobardemente me ha golpeado y se fue sin mis sueños, no se los llevó.
¿Amigos? Y yo con una rosa que se marchitó en mi mano y con el amor que se pudrió en mi alma, pero ya se fue. Seremos amigos, no hay problema, siempre lo hemos sido. Es hora de secar los pómulos y sentenciar que no habrá más llanto por ti.

lunes, 11 de junio de 2007

Se lo "comió" a besos

Ellos iban cogidos del brazo hacia la Facultad de Letras. Caminaban al compás de la brisa húmeda limeña, sufriendo por el frío que penetraba hasta sus huesos, y temblaban. “Sofía nunca había estado tan bella”, pensó Alejandro. Entraron a la Facultad y Alejandro recordó en aquellos momentos en los que soñaba en ingresar a la Universidad de San Marcos y, en esos sueños, se veía en la puerta de dicha facultad; ahora cruzaba esa puerta todos los días pero esta vez lo disfrutó más. La tarde era fría y cruel. Se dirigieron al Jardín de Letras, ella para estudiar a Kant y él para ayudarla, se sentaron en el gras.
Mientras ella leía acerca la diferencia entre los juicios analíticos y sintéticos; Alejandro, al oírla, la miró y se quedó idiotizado con la sencillez en la manera de hablar de Sofía acerca de un tema también sencillo pero oscurecido por la obsesiva manera de Kant de explicar las cosas. “Bella y sabia”, se dijo Alejandro sin dejar de verla, él la admira desde que la conoció. Ella volvió la mirada hacia él y éste la esquivó:
-¿Entendiste? –dijo Sofía sarcásticamente sabiendo que él estaba distraído.
-No, soy una bestia para comprender a Kant, habla en difícil –respondió Alejandro sonrojándose.
-Lee tú.
Alejandro cogió las hojas y se dispuso a leer, lo hizo hasta se que sintió acosado por la mirada de Sofía. Volteó él en busca de sus ojos (de Sofía) esperando a que ella lo esquive, pero no lo hizo. Se quedaron en silencio, en el mundo existían únicamente dos entes: él y ella. Los cubrió la noche y los envolvió aún más el frío. Ella quebró ese momento mágico en el que sus miradas se fundían entre sí y sacó algo de su mochila:
-Mira esto, prueba, sabe rico –dijo evitando el beso que murió sin nacer.
-¿Qué es? –preguntó él saboreando el ungüento que había untado en su dedo y que ella le ofreció.
-Es brillo para labios.
Él le pidió más y ella untó un poco de brillo en sus labios delicadamente mientras Sofía sonreía como una niña ejecutando una travesura. Se acercaron de repente para sentir menos el frío. Volvieron a verse a los ojos, esta vez ninguno de los dos contuvieron al instinto. Se besaron. Alejandro sintió una mordida pero no se detuvo, a pesar de que empezó a sangrar. Sofía tampoco se detuvo, ahora le mordió la lengua esta vez. Lo soltó. Él se desangraba en medio del patio, en silencio, y ella se marchaba. Ambos disfrutaron al máximo el beso.

jueves, 17 de mayo de 2007

Sofía

Alejandro tiene una nueva diosa, ésta parece ser más divina que las demás para él. Ella se llama Sofía y estudia en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, en Lima, al igual que él. Es una mujer delgada; con cabellera no muy negra; ojos que reconcilian la tristeza muy humana de Vallejo y el romanticismo tan sensible de Neruda; su naricita es de una princesa; sus labios rosados son delgados y finos, son mansos y cuna de palabras tiernas (y en ocasiones de palabras no tan tiernas, pero solo en ocasiones); las mejillas hoyadas en las sonrisas repartidas; manos blancas, suaves y frías como la nieve; y, sobretodo es muy inteligente. Era la personificación de un poema dictado a un rapsoda por las deidades Atenea y Afrodita. Ella es una protagonista de una novela de Coelho.
Es más que un cuerpo bonito y mucho más que un alma grandiosa.
Alejandro cree tener el deber de protegerla de todo lo que está en sus posibilidades. Ya protegió su sistema respiratorio y no se arrepiente (aunque él se haya afiebrado por ello). Él le quiere ofrecer toda su confianza y para ello es capaz de tratar de cumplir todos los caprichos que ella le pida, aunque ella no se los pida.
Sofía dice ser ruda y Alejandro se considera un poco delicado. Ella corre, baila, estudia, trabaja, ríe, siempre sonríe; y él duerme, come, fuma (generalmente cuando Sofía no le ve), pero también ríe.
Es que Sofía es, para Alejandro, más que una amiga y menos que un amor. Siente que es una gran amistad por la cual daría hasta la vida.

sábado, 7 de abril de 2007

¿Igualado?


Salí a las seis y media de la tarde de mi casa con rumbo a la universidad para asistir a un concierto de música clásica. Cuando subí al carro, éste estaba vacío; pero se llenó rápidamente. El cobrador le decía a los pasajeros lo mismo que todos los cobradores dicen cuando su unidad está llena: “Avancen, por favor. Al fondo hay sitio.” El calor que se sentía dentro del carro era insoportable, para distraerme y no aburrirme decidí leer unas separatas que llevaba en la mochila negra que he empezado a querer extrañamente. Un joven de terno negro, camisa blanca y corbata granate viajaba cerca de la puerta y estorbaba el desplazamiento de los pasajeros. El cobrador le pidió permiso a lo que el pasajero respondió, al parecer disgustado por el calor y el roce constante de las personas en el carro lleno:
-No me digas lo que tengo que hacer. Si sigues dándome órdenes, ahora mismo llamo a un policía y te malogro el negocio.
Entonces empezó una discusión, que me distrajo de la no muy interesante lectura, en la que el chofer y los demás pasajeros trataba de calmar a los protagonistas de ésta. Lo lograron, había cesado la disputa, pero al terminarla, el joven pasajero le dijo al cobrador en un tono despectivo una palabra que creo yo no debería ya existir en ningún idioma: “igualado”.
Mi mente seguía el siguiente monólogo interior:
“¿Igualado? ¿Cómo que igualado? Pero si ellos son iguales ante la ley –o deberían serlo-, ante los demás seres humanos. Este término no debiera existir, ¿cómo es posible que un ser humano le diga igualado a otro? Me decepciona que hayan personas que se crean superiores a otras. La palabra “igualado” no tiene ningún sentido, por lo menos como insulto, porque no existe jerarquía entre los seres humanos, tantos años vociferando frases que aclaman la igualdad entre miembros de nuestra especie –desde la Revolución Francesa- que fueron pasadas por encima por este joven, que cree que por tener un terno limpio y bien planchado es más que el cobrador. Pero, ¿no es una idea anárquica el proponer igualdad, ya que si todos somos iguales, las autoridades no tendrían por qué exigirnos el cumplimiento de ciertas normas? No. Esa es la labor de la autoridad o en todo caso algún jefe en el entorno laboral, el hecho de dar órdenes no les hace superior a los otros. De todos modos, el pasajero está en un gravísimo error al señalar como inferior –lo haya hecho consciente o inconscientemente- al cobrador, ni siquiera el hecho de pagarle el pasaje no lo hace más o menos humano. No puede ser que los hombre no sepamos valorar a los demás como nuestros iguales, este es el problema que nos destruye como especie, la soberbia. Sí, la soberbia humana es la que algunos gobernantes sientan que son superiores a los demás seres humanos y cometan atrocidades con la vida de inocentes. Me da lástima este tipo de personas, como el pasajero, que no saben dar límite a su ego”.

sábado, 24 de marzo de 2007

El silencio absoluto

Era un domingo de junio, y como todos los domingos Alejandro estaba en su cama, ya despierto desde hace un buen rato. Él pensaba en el estrepitoso ruido que producía la música de la casa de su amiga y vecina, su pensamiento se fue desviando hasta que llegó a una determinación que se convirtió en obsesión esquizofrénica: él decidió vivir unos minutos en el silencio absoluto, cueste lo que le cueste.
Lo primero que tenía hacer es deshacerse de la música de su vecina, pero como en otras ocasiones le había pedido que baje el volumen y ella lo que hacías es lo contrario, decidió hacer una pequeña –o talvez no tan pequeña- travesura. Alejandro buscó un alicate, lo encontró y se dirigió a la casa de al lado (donde vivía la mujer que escuchaba esos alaridos que se disfrazaban tras el nombre de canciones). Hizo una maniobra extraña para abrir el medidor de luz y cortó uno de los cables, huyó rápidamente hacia su casa.
Al echarse en el sofá, sintió un sonido, como el de un pequeño martilleo sobre una superficie de metal. Era el goteo del caño sobre la tapa de una olla que el día anterior dejó en el lavabo. Los ojos de Alejandro estaban rojos de ira, la furia que le ocasionaba el no poder alcanzar el silencio total. Nadie sospechaba que un hombre tan calmado y recatado sufría de locura, de rabietas como ésta, de caprichos que cumplía aunque la muerte amenazara con impedírselo. Corrió iracundo para solucionar el problema de la gotera.
“Menos mal que mi casa está en una calle no muy transitada por los carros, además en el centro de este solar, de este manera no me molesta el caos limeño”, pensó.
Alejandro sintió un sonido del reloj de la pared, inmediatamente cogió un libro grueso (uno de los tantos que tenía regados por toda su desordenada casa) y lo aventó contra el reloj, éste cayó y se rompió.
El silencio absoluto parecía haber llegado, cuando tocaron la puerta. Era su vecina, quien le preguntó si había visto a alguien que haya cortado los cables eléctricos de su medidor. Alejandro dijo que había visto a unos muchachos drogados por allí y cerró la puerta de una manera cortante.
Se tumbó nuevamente en el sofá hasta que escuchó el canto de los pajarillos que llegaron a desesperarlo, a desquiciarlo y empezó a destrozar todo lo que veía: los cuadros, los floreros, los ceniceros (que eran muchos), los espejos.
Llorando de rabia sobre aquel sofá, se dio cuenta que podía atenuar su sufrimiento, que no era necesario que el mundo esté en silencio sino que él podía taparse los oídos. “¿Por qué el hombre se complica la vida tratando de cambiar lo demás cuando la satisfacción puede estar en un cambio interno?”, se dijo aliviado. Entonces se metió los dedos meñiques en los oídos pero aún lograba escuchar rastros de algunos sonidos desfigurados, por lo que se hizo unos tapones con plastilina. Ya no le importaba su salud, la esquizofrenia no le permitía ver los peligros de su caprichosa determinación de vivir un instante de silencio absoluto.
Luego de esto, Alejandro se relajó tan profundamente que se sentía la paz, que lo físico era solo una impresión y que lo espiritual primaba en una realidad que el estaba por descubrir; pero empezó a escuchar el sonido de su organismo: su corazón que latía lentamente, su digestión, su respiración. Él aún estaba inconforme, pese a la paz en la que se encontraba. Se levantó del sofá casi inconscientemente, cogió su correa, se la colocó en el cuello y fue ajustándola lentamente, decidió acabar con el ruido desorganizado de su cuerpo.
No escuchó más.

jueves, 8 de marzo de 2007

La belleza de María

Cuando acabó la clase de inglés, me acordé que no tenía dinero para mi pasaje de regreso a casa. “María debe estar en la cafetería, le pediré a ella que me preste un Sol”, pensé. Cuando llegué a la cafetería me di con la sorpresa de no encontrarla allí. “¡Qué extraño!, ¿por qué no habrá venido? Ella casi nunca falta a sus clases de italiano pero ya dejó de asistir a las clases de inglés, aunque desee hacerlo. Lo peor de todo es que me tendré que ir caminando a mi casa”, reflexionaba yo mientras me sentaba en una de las mesas, fastidiado por tener que caminar desde San Isidro hasta Barranco.
En eso llega María con cara de pocos amigos.
-¿Por qué llegaste tarde, amiga? –la saludé afectuosamente, y decidí terminar con tono de broma- hoy te quiero más porque necesito de tu ayuda.
-¿En qué puedo ayudarte?
-Necesito que me prestes un Sol para ir a mi casa.
Sacó un pequeñísimo monedero que tenía en el bolsillo de su pantalón y me dio lo que le pedí.
-¿Qué te pasa? Te veo un poco extraña.
-Me duele la cabeza.
No quise preguntarle la causa del dolor, temía que se disgustase conmigo o que se acuerde del mal rato que le habría sucedido. Además, ella casi siempre llegaba malhumorada y luego se le atenuaba la molestia. No le di mucha importancia.
Llegó a la cafetería mi profesor de inglés, Mr. Carrillo, quien dijo:
-This woman is beautiful but not comes to class.
-She is so beautiful that she would win the contest of EIGER's beauty –contestó Mr. Alfaro, nuestro professor de básico de inglés. María solamente sonrió, al parecer solo había entendido algo del diálogo.
-A ver párate –dijo Mr. Carrillo.
-No, profe –contestó ruborizada mi amiga.
Los profesores se retiraron diciéndome que la inscriba en el concurso, como si yo fuese su representante. Dije que así lo haré sin siquiera saber si existía un concurso de belleza en la academia, pues eso no era importante sino los piropos que había recibido María: ¿En realidad ella los merecía?
Cuando llegaron sus compañeras de su curso de italiano, nos pusimos a conversar. Generalmente yo no intervengo en esas conversaciones, me gusta oír lo que ellas hablan, es muy interesante porque me hacen ver cómo piensan las mujeres. Pero esta vez era distinto, yo no me interesaba en eso sino en lo que habían dicho los “teachers”. Me puse a contemplar a María y a pensar en ella:
“Realmente ella es muy bonita, no sé cómo no me había dado cuenta antes, a pesar que me atrae de cierto modo. Pero, ¿es tan bella como para participar en un concurso? Sí.”
Observé su ordenada cabellera que cae lisamente hasta sus hombros, su fino rostro en el que hay un par de ojos marrones como la caoba, una nariz pequeña un respingada, unos labios delgados que por un momento me dieron ganas de besar. Ella es delgada, con el cuerpo con forma de guitarra. ¡Es realmente preciosa! Es un verdadero espectáculo verla y yo no me había dado cuenta hasta entonces. He aprendido a disfrutar de su presencia, ya no solo por su comportamiento sino también por su físico. Hoy nació la admiración hacia el cuerpo monumental de mi amiga, hacia la estatua humana tallada por inspiración divina de Afrodita, quien debe estar entre llantos de envidia, allá en el Olimpo.

sábado, 3 de marzo de 2007

Perú Collage

Machu Picchu, nacionalismo, el Puente de los Suspiros, el populismo barato, el prodigioso lenguaje de Valle Riestra, Ramón Castilla, el lago Titicaca, el Parque Kennedy, El Comercio, el mar más rico del mundo, los pitucos que cholean y los cholos que pituquean, el antichilenismo, Sendero Luminoso y el MRTA, barras bravas, pirañitas, Haya de la Torre y El Amauta, las playas (desde las de Asia hasta Agua Dulce), Piratas en el Callao, la cordillera de los Andes que es cada vez menos cordillera, los anticuchos, la Papa a la Huancaína, el río Amazonas, Yuyachkani, etnocacerismo, Fujimori, Sacsayhuman, Piérola, Leguía, San Juan de Miraflores y de Lurigancho, Kenji y su perro, las rejas inconstitucionales de algunas calles, la discriminación, César Hildebrandt y su “querida” hermana Martha, los adoradores del Punk de la avenida Quilca, Pachacútec, Bolognesi, el Presbítero Maestro, yo, mi casi amor Samantha, los mantos paracas, Jaime Bayly, Huaraz, los chavín, las muchas catedrales de las muchas plazas de armas, los Baños de Cajamarca, las constituciones que son tantas como los caudillos que pasaron por el Gobierno, Miguelito Barraza, Gonzáles Prada, Vargas Llosa, la avenida Larco, Líbido, la Costa Verde, las Líneas de Nazca, los manglares de Tumbes, la llegada de los circos en fiestas patrias y la creación de seudo-circos (por ejemplo: el circo de la Paisana Jacinta, de Recargados de Risa y muchos más que exhiben a artistas de ciertos programas televisivos), los cómicos ambulantes, las estatuas humanas, el cuenta cuentos, el Perreo Chacalonero, el loco Achote, el Caballo Loco, Laura Bozzo y su mantenido, el tradicionalista Ricardo Palma, Toledo, Punta Sal, los marcianos de fruta, los “bricheros”, las tiendas de ropa de Gamarra, Puno y el contrabando, las mazamorras, el Ajá, la Chuchi, el Chuculún, el atardecer de Barranco, Marco Aurelio Denegri, la heroica Tacna, el Misti, el By-Pass de la Avenida Arequipa, el Centro Cívico, Polvos Azules, Larcomar, los piratas, Iván Thays, los cambios de guardia al medio día en la Plaza Mayor, el Pisco Sour, Chacalón, la vicuña, el árbol de la quina, la cornucopia, la hoja de coca (para bien o para mal), Juan Diego Flores, el tamal, el Parque Nacional del Manu, el doctor Fernando Maestre, el cuy, los bañistas puercos del litoral, los baches en las pistas de La Victoria, el Tenis Club, la “Urraca”, Alianza Lima, el celebérrimo Bryce, la sagrada –como decía un profesor que tuve- la sagrada San Marcos, el resucitado Deportivo Municipal, la coqueta alienación, el padre de los Humala, el grisáceo cielo limeño, el Rocoto Relleno, los ashánincas, Miguel Grau, la Virgen de la Candelaria, el Congreso y/o el Parque de las Leyendas, Genaro Delgado Parker, Yanacocha, los perros “calatos”, el “Gordo” Gonzáles, las Fuerzas Armadas (que en realidad están desarmadas), Raúl Vargas, el canal 7, Tula Rodríguez, el Pastoruri, la ciudadela de Kuélap, Hipólito Unanue, Gianmarco, los valsecitos criollos, el Río Rímac, las trabajadoras nocturnas de la Calle Caylloma, las incontables guerras civiles, los abusos a los indígenas, el humo de la Avenida Abancay, las combis asesinas, Universitario de Deportes, Carlos Álvarez, Velasco Alvarado, el VRAE, la Universidad San Martín, la elocuencia de el “Puma” Carranza, la Católica, el Almenara y el Rebagliati, Abraham Valdelomar, las alturas de Pasco, “Misterio”, Morales Bermúdez, Clorinda Matto de Turner, los olvidados, Vallejo, Vallejo y mil veces Vallejo.