"...desde ahora y para siempre, cualquier semejanza con hechos reales correrá por vuestra propia imaginación..." (F. Paez)
martes, 3 de marzo de 2009
Cambio de luz
viernes, 16 de enero de 2009
La sonrisa de todas las mujeres
domingo, 11 de enero de 2009
La muerte no existe
junto a tu poesía, amigo.
Nadie sabe, tampoco, si la muerte realmentre existe. "Aún vive entre nuestros recuerdos", suele decirse. El alma de alguien estimado no se va de este mundo que ya tiene mucho de metáfísico,se queda en nosotros. Entonces solo existe la muerte física, la verdadera muerte llega con el olvido, y hay personajes que han llegado a la inmortalidad, que aún se hacen sentir a nuestro lado. Personas que no se van, que interactúan con este mundo aún. Los extrañamos porque los tenemos presentes, porque están presentes. Solo han dejado el cuerpo de lado, como se dejan las cosas que pasan y nos pesan.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
La cigüeña arrepentida
domingo, 7 de diciembre de 2008
El beso de la damita
"Y, después de llover,
un relámpago va
deshaciendo la oscuridad
con besos que, antes de nacer,
morirán". (J. Sabina y F. Paez)
En las mañanas nunca suceden las escenas románticas, todas son en las noches de cielo azul, luna llena amarillenta o cuarto creciente, estrelladas; o sino en las tardes de sol enorme y dorado, en un atardecer de nubes rosadas. Pero esta vez fue alguna mañana húmeda y grisácea, fue un imposible escénico. Pero fue real, tan real como la literatura.
Ellos se sentaron en el gras de ese lugar donde la vida se hace más bohemia y las letras (o Letras) se quedan libremente atrapadas en las aulas. El jardín estaba vacío, solo estaban los dos. Platicaban de cosas, de ciertas cosas que sirven para conocerse, a él le importaba más el sonido de la voz. Ella sacó un libro y leyó lentamente:
“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua”.
El personaje de Rayuela se había escapado del libro y leía mientras él se quedó deslumbrado con cada palabra que salía de los labios de ella. Él, en ese instante, la amó. Se acercó, la miró a los ojos, rozó sus labios tibios con los suyos y cerró los ojos. En ese momento él huyó de la realidad, llegó al lugar donde reina la nada, una nada que lo es todo, ese todo que dejó en ese beso, ese beso que fue instantáneamente eterno, eterno como la nada y como el todo.
Es lo que sintió él, y ella… ella… no sé.
viernes, 26 de septiembre de 2008
¿Por qué escribo?
La muerte nos arranca de este mundo sin que podamos hacer algo al respecto mientras que el tiempo se encarga borrar de las memorias los rastros de nuestra existencia. Para contrarrestar las consecuencias del complot de la muerte y el tiempo, yo me siento detrás de un teclado y escribo algo que pueda dejar como evidencia de mi existencia. Muy probablemente le tengo más pavor al olvido que a la muerte.
También le tengo miedo a la vida, mejor dicho, le temo a vivirla plenamente. Prefiero no toparme con sus albures. Es por esta razón que me invento una vida paralela a la real en la que soy un personaje literario que hace todo lo que realmente quiero hacer.
Por último, escribo porque me gusta escribir (tanto así que me sumerjo en una especie de trance al hacerlo). Pues, no hay nada más placentero que escuchar el sonido que producen mis dedos en el teclado ni nada más satisfactorio que ver cómo se materializan en la pantalla las ideas que están muy metidas en mi alma.
domingo, 31 de agosto de 2008
Una niña carismática
Caminé del brazo de mi compañera por la avenida Huancavelica y esquivamos a la gran cantidad de mujeres no muy alegres pero con sonrisas cordiales que nos invitaban a sus locales en los que venden gafas con todos los tipos de cristales o resinas y cualquier variedad de monturas. Por un momento sentí la asfixia que deben sentir las divas y divos de este planeta cuando son rodeados por una multitud que los aclama. Soñé ese efímero instante con la fama y lo lamenté.
Lo agradable de ir a pasear al centro de Lima es que siempre se encuentra algo extravagante por las calles. Esta vez encontré a un ciego cantando en ruso en una esquina, se supone que esto tendría que conmover a la gente que pasaba por su lado y dejarle algunas monedas de propina en la vasija de plástico que mostraba con el brazo derecho estirado. A pesar de que me conmovió, una fuerza intuitiva me impidió darle los treinta céntimos que me sobraban en el bolsillo, un presentimiento me dijo que iba a necesitar ese escaso dinero en otra cosa.
Dimos una vuelta por la Plaza de Armas y luego fui al Parque de la Muralla, donde había un grupo de patos, donde uno muy torpe hizo que nos cagaráramos de la risa casi literalmente. De regreso pasamos por la iglesia San Francisco, donde descubrí que el amor que mi compañera sentía por las aves era solo cuando éstas se presentaban por unidad. Tuve que rectificar el miedo que dije tener a las palomas en inmensa cantidad para que ella se sienta un poco segura.
Cuando volvimos por el Jirón de la Unión, una niña me pegó un distintivo en el pecho que acreditaba que había donado algo para alguna institución de caridad y me dio una estampilla de Rosa de Lima. Le di los treinta céntimos que tenía en el bolsillo de mi pantalón:
-Cuesta un Sol –me dijo la niña con una tierna sonrisa en sus labios.
Mi compañera me jaló del brazo diciéndome que no le compre, de cualquier modo no lo hubiera hecho. Creo que ella ya sabía de esa artimaña que intentó hacer la ñina.
-Pero no tengo más dinero.
-Allí he visto un Sol, joven.
-Pero ese es mi pasaje, vivo en Barranco y no quiero irme caminando –le dije con una sonrisa que reflejaba la simpatía que me había causado esa niña.
-Payaso eres. Métete tus monedas al poto –me dijo quitándome el distintivo y la estampilla, devolviéndome mis monedas amarillas.
Lo peor de todo era que el ciego ya no estaba en cruce con la avenida Huancavelica.
viernes, 25 de julio de 2008
“¡Ay, bajo!”,
Era una de aquellas mañanas de nubes grises y espesas, el cielo limeño tenía ganas de llorar, estaba oscuro, parecía de luto: había muerto la paciencia de muchos a causa del caos vehicular.
Todo el mundo tocaba sus cláxones, los cuales hacían un concierto de ruidos insoportables y sin armonía alguna. Algunos conductores se insultaban, gritaban. Los “dateros” estaban aburridos.
Nadie hablaba en el carro, los pasajeros sudaban y había cierto hedor que no se disipaba a causa de los vidrios empañados que estaban cerrados para que no se cuele el frío. Todos estaban apachurrándose los unos a los otros.
El tráfico se había agilizado un poco cuando un gordo desaliñado y con una figura digna de un cavernícola, que se había sentado en el asiento más alejado de la puerta, se dispuso a bajar. Avanzaba empujando y aplastando a cuanto pasajero se le cruzaba en el camino, arrancando aullidos de dolor y de disgusto. “Bajo en la esquina”, decía casi con desesperación, su voz era gruesa y fuerte. “¡Bajo!”, gritó al ver que el carro se había pasado de paradero. Al parecer, el próximo grito iba a ser resonante: “¡Ay, bajo!”, dijo con una voz aflautada. Todos los pasajeros rieron o sonrieron ante la afeminada locución del gordo.
lunes, 23 de junio de 2008
Lo que me irrita de...los hombres que usan a Benedetti para levantar
Por: MARÍA ALEJANDRA PAUTASSI
De tanto buscar la mirada precisa y la palabra perfecta uno termina deseándoles (por su propio bien) que ojalá pase algo que los borre de pronto. Poetas de parque. Filósofos de tienda. Dibujantes de servilleta. No importa el nombre que usemos para identificarlos, a qué tipo de personajes hayamos conocido o a quiénes hayamos padecido —existen demasiadas derivaciones del prototipo—, estos sujetos tienen un mismo patrón de comportamiento: se disfrazan de artistas, intelectuales y escritores para seducir a cuanta mujer se les cruce en el camino. Entre los poemas que más recitan, sin duda, está uno de Mario Benedetti: Mi táctica es/ mirarte/ aprender como sos/ quererte como sos/ Mi táctica es/ hablarte/ y escucharte/ construir con palabras/un puente indestructible. Se saben un par más, solo por si acaso.
miércoles, 18 de junio de 2008
Educación en el Perú
En primer lugar, el Estado debería aumentar el porcentaje de dinero designado para los sueldos de los maestros. Muchos de los profesores tienen más de un centro de trabajo ya que su sueldo no les alcanza para vivir dignamente; es por ello que no pueden desempeñar su labor con la mayor eficacia. Lo más indignante es que estos profesionales cobran como salario menos que muchos técnicos que solamente han estudiado tres años de especialización a comparación de los cinco años que se toman los educadores profesionales.
También se debería hacer algo por aquellos colegios que se están cayendo por pedazos. Los alumnos de estos centros educativos estudian sentados en ladrillos, en salones improvisados de esteras y sin puertas ni ventanas, con pizarras que no son más que un triplay pintado de negro. Estos alumnos luchan cada día para ser mejores, contra el frío de sus aulas y contra la indiferencia del Estado.
Por otro lado, los alumnos egresados de los centros educativos no son capaces de resolver un examen para ingresar a estudiar en instituciones de educación superior sin ningún tipo de estudios en academias, es decir, los niveles de aprendizaje son muy bajos. Además, en la secundaria no se estudian todos los cursos que se toman en uno de estos exámenes, por ejemplo, el curso de Filosofía no es tocado en muchos colegios de jurisdicción estatal.
La construcción de centros educativos en los lugares más alejados de las zonas urbanas es, también, muy importante; de este modo, los niños y jóvenes de estos lugares no se sentirán excluidos. La apertura de universidades y la generación de profesionales en provincias es un eje esencial para el crecimiento de éstas.
En el cronograma de temas a tratar, es necesario acentuar los asuntos éticos y morales. Las instituciones educativas son la base del comportamiento de las personas, esto es, estas entidades son las verdaderas responsables de la conducta de los ciudadanos. Si existe una buena formación con valores, la comunidad estará bañada en las aguas del bien ético.
Otro de los problemas que afectan a la educación es el hecho de que los profesores no están de acuerdo con que se les evalúe. Ellos temen perder su trabajo pero no se preocupan por capacitarse. Pero está todo calculado, si se les desea evaluar están preparados para ir corriendo a esconder su ignorancia detrás del muro que es el SUTEP y paralizar sus actividades perjudicando, de esta manera, a los alumnos; para esto alegan la supuesta inestabilidad laboral a las que peligran. Pues, si hay profesores con mejor capacitación deberían entrar a trabajar por aquéllos que no lo están. Lo que se quiere explicar en estas últimas líneas es que el SUTEP se ha convertido en el refugio de los profesores incapaces que se agrupan en ese sindicato que sólo sabe levantarse en huelga cada vez que no están de acuerdo con él.
La política del sector educativo debe ser la meritocracia. Los profesores y directores deben ser evaluados para corroborar si son realmente eficientes. Por otro lado, aquellos trabajadores de la educación que ya tienen un puesto fijo deben esforzarse para mantenerlo. Así se evitarán aquellos profesores que dictan los temas y dejan tareas, no explican.
En conclusión, los problemas de la educación se terminarán cuando el Estado designe más dinero para este sector y, los profesores tomen conciencia al darse cuenta que en sus manos está el futuro de Perú. La ciudadanía espera que esta nueva administración gubernamental se preocupe por la educación peruana que, en realidad, está en pésimas condiciones a comparación de cualquier país de América Latina.
“La mejora del sistema educativo en nuestro país no sólo está en manos del Estado, sino también les concierne a los educadores, a los directores y a la cooperación de los padres de familia, en el caso de los centros educativos”.