Eran a las ocho de la mañana y yo caminaba por el parque. Es muy temprano para salir ha pasear pero la mañana estaba muy fresca y tenía que disfrutarla. En una de las bancas había una chica con un cuaderno en la mano, me estaba mirando. Yo también la miraba porque me parecía conocida. Sí, sí era quien creía, era mi ex-enamorada, mi única ex-enamorada. Me acerqué para saludarla y saber algo más de su vida.
-Hola.
-Hola, Jaimito -respondió, con ese diminutivo, que no lo dijo cariño sino por costumbre.
-¿Cómo estás? Me parece que ya tienes una hijita, ¿cierto? -pregunté con la intención de molestarla un poco. Disfruto ver las reacciones femeninas.
-Sí, ya tiene dos años mi reina.
-¿Reina? ¿Así se llama?
-No, así le digo de cariño.
-¡Qué linda! -le dije pensando que era el momento de cambiar diametralmente mi actitud y elogiarla un poco- ¿Y ese cuaderno? ¿A qué universidad vas a postular? Me parece bien que salgas adelante, muchas mujeres creen que es un obstáculo tener un hijo y no siguen con su vida. La biblioteca abre a las nueve todavía.
-Voy a hacer mi tarea. Aún no termino el colegio.
-Hay aspectos en la vida en los que te has adelantado y otros en los que te has quedado atrás -dije con sarcasmo.
Actualmente, cuando hablo con mi compañera, utilizo el sobrenombre de "Putita" para referirme a la protagonista de este relato. Putita, con toda la carga negativa que tiene esa palabra y toda la carga positiva que tiene el cariñoso diminutivo que le coloco. Fue muy traviesa e inquieta durante su pubertad.
La Putita me enseñó lo que es el amor pero no me enseñó a amar. No la quise y talvez no me quiso. Estuvimos y talvez no estuvimos. Sólo quería una chica que se muera un poco por mí y ella, por ser tan enamoradiza, fue la ideal. Aprendí, pues, el arte de la hipocresía; a ser un canalla disfrazado de gusano. Fui un Romeo cursi enamorado de su Julieta; pero fue una farsa teatral, dulce, bella y falsa como las obras de Shakespiare. Nunca la besé, ella fue quien me besaba. Era el momento más ególatra de mi vida. Sé que fui distinto a los novios que tuvo. Yo era como una rosa entre tanta maleza, algo especial pero con espinas. Jamás me cautivaron sus encantos, si es que los tuvo. Sé que fui el elegido de una larga lista de pretendientes. Mala elección. Si alguna vez lee esto, le pido disculpas por no ser una buena pareja, nadie es una buena pareja cuando lo es por primera vez, nadie nunca es una buena pareja.
Después de todo esto, ¿con qué derecho la llamo Putita?
Qué feo Tortuguita!... qué feo!
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