-Bajo en el paradero.
¡Ahora a correr! Corre, Jaime. Cruza, cruza, noooo. La luz, uy, casi me mato. Cambia a rojo, rojo, rojo, rojo. ¡Ayayay! No llego. Cambia, luz maldita. ¡Rojo, por fin! Son dos cuadras nomás. Corre, corre rápido. Si siempre tuvieras estos apuros, serías un gran atleta. ¿Por qué hay tanta gente si son a las once de la noche? Ah, es sábado.
-Permiso. Permiso, por favor.
Corre duro. Voltea la esquina y corre con todo. ¡Corre! Allí está el vigilante.
-Buenas noches, señor.
¿Me habrá escuchado? ¿Lo habré despertado? Corre rapidito. Pasé muy rápido. Nunca he corrido tan rápido. Ya llegas, sigue. ¡Más rápido idiota! Hago lo que puedo. Jaja. Es tan desesperante que discuto conmigo mismo. Corre, corre. Ya está, llegaste a la reja. ¿Dónde está la llave? ¿Dónde mierda está mi llave? ¡Maldición! Este morral es un caos. ¡Aquí estás llaverito de mi alma! ¿Cuál es, cuál es? Ésta... no, no es. ¡Ésta es! ¡Ayyyy! Ya está, abrió. Corre, correeee... La puerta de la casa. Otra vez la tortura de las llaves. A ver, a ver. ¡Ya está!
-¡Permiso, permiso, por favor!
Llegué, justo a tiempo llegué. ¡Listo! Bajo la bragueta y... ahhh... ¡Qué rico...! ¡Carajo, no bajé el calzoncillo!
-¡Permiso, permiso, por favor!
Llegué, justo a tiempo llegué. ¡Listo! Bajo la bragueta y... ahhh... ¡Qué rico...! ¡Carajo, no bajé el calzoncillo!
Muy buena, Rottweiler!
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