lunes, 12 de septiembre de 2011

Sin ruido


Una noche, mientras tomábamos café y comíamos empanadas en la oficina de Luz Ámbar, don Luis nos contaba a Martín y a mí una anécdota.
"Una vez me invitaron a un evento en Brasil y llevé a un amigo que hablaba portugués. Cuando estábamos en el taxi, me di cuenta de que la calle estaba en silencio. No se escuchaba nada. Le dije a mi acompañante que le pregunte al taxista por qué no hay bulla, por qué nadie tocaba el claxon. Hablaron en portugués unas palabras y me dijo que en Brasil solamente tocan el claxon en caso de una emergencia. Le dijimos, por pura casualidad, que toque haga sonarlo. Al principio no quiso pero lo convencimos. El sonido que  se animó a hacer solo duró medio segundo, pero las personas que estaban en la calle, los transeúntes y los conductores voltearon a vernos alarmados".
¡Cuándo entederemos en Lima que el ruido también contamina!

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